Por Redacción Mujeres
La historia de Cuba está marcada por momentos en que el país cambió de rumbo, y con él, cambiaron también las vidas de quienes lo habitan. La Revolución de 1959 fue uno de esos puntos de giro. Pero dentro de ese proceso mayor ocurrió otra transformación decisiva: la revolución de las mujeres, un movimiento profundo que reconfiguró su lugar en la sociedad y que no surgió como concesión, sino como conquista.
En los primeros años del proceso revolucionario, la desigualdad de género seguía siendo una herencia pesada. Aun así, desde el inicio quedó claro que la construcción de un país más justo requería modificar las estructuras que habían mantenido a las mujeres en la periferia. La creación de la Federación de Mujeres Cubanas en 1960 fue un paso estratégico: articuló demandas, unificó esfuerzos y colocó la igualdad en el centro del proyecto nacional.
La educación se convirtió rápidamente en una herramienta de emancipación. La campaña de alfabetización abrió oportunidades inéditas para miles de mujeres que, por primera vez, pudieron acceder al conocimiento como derecho y no como privilegio. Ese salto permitió su entrada en profesiones vinculadas a la ciencia, la salud, la educación, la industria y la cultura, ampliando el mapa laboral y simbólico del país.
