Por Marilys Suárez Moreno
Dicen los entendidos que si a los infantes no se le prodiga amor y ternura pueden llegar a enfermar. Desde el mismo momento del nacimiento, el bebé disfruta cuando se siente cuidado y atendido: le resulta sumamente gozoso que le hablen, le canten y arrullen. Se alegra cuando juegan con él y le hacen caricias y mimos.
No es que estemos el día entero con el bebé cargado o de “brazo en brazo”; es necesario respetar el descanso y la necesidad de silencio. Lo mejor es aprovechar los momentos del baño y lactancia para darle mucho cariño y hablarle suave. Siempre lo va a agradecer infinitamente.
Los sentidos del bebé los ponen en contacto con la vida que para ellos comienza y, por lo tanto, tienen que aprender a descubrirla. Son como sus antenas para captar los colores, los ruidos, las sombras y luces: el sabor de los primeros alimentos, el olor materno, especialmente. También el frío y el calor, en fin, dolores y placeres.




