En una hamaca, bajo la fronda de hermosos árboles cuajados de mangos se produjo una entrevista que salvó el honor de las huestes mambisas y de toda Cuba. Esta plática entre el general Antonio Maceo y Grajales y el Pacificador para la Isla de Cuba, Arsenio Martínez Campos, pasó a los anales de nuestra historia patria con el nombre de Protesta de Baraguá.
Por Marilys Suárez Moreno
A finales de 1878, la revolución iniciada el 10 de octubre de 1868 en los campos orientales, sufría los embates de la falta de recursos y las diferencias entre sus jefes políticos y militares. Desgastados internamente los mambises atravesaron no solo la división entre sus tropas , sino la debilidad de las voluntades y el cansancio de casi 10 años de guerra. Aquella paz que les ofrecía el indigno Pacto del Zanjón, acordado en febrero de ese año, cegó los ojos de muchos que lo vieron como una supuesta salida.
Para el general Antonio Maceo Grajales, resultaba inaceptable esta entrega y tanto él como la mayoría de los oficiales y tropas bajo su mando, la rechazaron de plano. No entendían cómo aceptar una paz sin independencia ni abolición de la esclavitud.




