Por Aime Sosa Pompa
Desde el Reparto Escambray en Santa Clara me llega una foto del fogón de Marlenis Rodríguez donde el artefacto parece un faro en pleno día. Es una de las imágenes más comunes en los miles de edificios multifamiliares del archipiélago.
Podría imaginarla en un gran mosaico de otras instantáneas: una mujer inclinada sobre un recipiente metálico, abanicando con algo que bien podría ser una tapa vieja o un cartón, soplando de vez en cuando hasta que la garganta sostenga y las manos con las marcas de ese tizne que nadie puede predecir.
Sus palabras por WhatsApp se parecen a otras que llegan desde la impotencia de saber que mañana puede seguir subiendo el saco o la lata de carbón y rozar o pasar los 5 mil pesos, mientras hay bodegas que están vendiendo a 350 la lata.




