Por Marilys Zayas Shuman
Fotos: Vladimir Molina
La mañana avanzaba en el Palacio de Convenciones con la solemnidad propia de una sesión parlamentaria, pero también con la tensión acumulada por semanas de debate y resistencia. Cuando la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Ana María Mari Machado, tomó la palabra para dar lectura a la propuesta de declaración contra la política de máxima presión y asfixia de Estados Unidos, el aire se cargó de expectación. El silencio fue profundo, casi denso, como si cada diputado y diputada aguardara el instante en que la voz colectiva del Parlamento se hiciera sentir.
En ese clima de emociones contenidas, la diputada por Puerto Padre, Las Tunas, Leydis María Labrador, pidió la palabra. Su intervención no fue un discurso más: fue un testimonio que atravesó la sala como un latido compartido.
Habló desde la experiencia cotidiana, desde las heridas abiertas que deja el bloqueo en hospitales, hogares y escuelas. Su voz, firme y conmovida, convirtió la sesión en un momento de verdad, de esos que marcan la memoria de un país.




