Por Aime Sosa Pompa
Lina de Feria partió hacia un viaje y se despidió diciéndonos: "ven a mi asiento colonial / para encender las noches más oscuras / compartiendo el pan con los hermanos."
No quiso dejar a un lado "el misterio de estar vivo y ser exactamente humano", siguió transgrediendo las máscaras que algún día (a veces fueron muchos días) le obligaron a portar.
No huyó de los humos que dejan muertes: "quisiera cernirme en la comida de las palomas / y desaparecer de pronto de las guerras", decía, y le hacíamos un silencio cómplice.




