En América Latina, la relación entre los feminismos y las izquierdas vuelve a colocarse en el centro del debate político. No es un vínculo nuevo ni sencillo: ha oscilado durante décadas entre la alianza estratégica y el desencuentro persistente.
Hoy, en un continente marcado por el reflujo progresista y el avance de proyectos conservadores, esa tensión adquiere un carácter urgente. Lo que está en juego no es solo la agenda de género, sino la capacidad misma de las izquierdas para reinventarse frente a la agresión imperial y la violencia que se despliega sobre la región.
La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, impulsada por Donald Trump en enero de 2026, ha reactivado las memorias de las agresiones históricas contra la soberanía latinoamericana. El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores no solo busca desarticular un gobierno, sino también debilitar las posibilidades de proyectos emancipatorios en la región. En este escenario, los feminismos emergen como una fuerza imprescindible para sostener la vida, denunciar la violencia y articular solidaridades transnacionales que enfrenten tanto la militarización como el saqueo.
