jueves, 29 de enero de 2026

De Montreaux a La Habana: Yilian Cañizares ocupa la pista del Jazz Plaza 2026


Por Lianne Garbey Bicet 

Foto: Favio Vergara

La Habana late en este mes de enero con el pulso inconfundible del Jazz Plaza. Las colas frente al Teatro Nacional, los músicos cruzándose entre salas y el murmullo de la ciudad dan sensación de un ensayo permanente. 

En medio de esta atmósfera musical, la gala "De Montreux a La Habana", se consolidó en la noche de este martes como una de las joyas del evento al reunir por primera vez, en la Sala Avellaneda, a los ganadores cubanos del legendario certamen suizo: Harold López-Nussa, Rolando Luna, los hermanos Pacheco, Héctor Quintana y ella, Yilian Cañizares. 

Días antes de que esa noche se encendiera, conversamos en uno de los rincones más vivos del festival, entre aplausos, artistas que iban y venían y vasos de café. Había expectación en el aire, una euforia contenida que preludiaba la velada. 

"Estoy muy emocionada de venir a tocar aquí a mi tierra. No hay emoción más grande para mí", dice mientras ajusta el micrófono de la grabadora, con esa voz de dulzura rugosa que lleva la mezcla de Suiza y La Habana. 

Se presenta casi como si abriera un tema en el escenario: "Mi nombre es Yilian Cañizares, soy violinista, cantante, compositora". 

Hablamos del rencuentro con su público y de su otra gran presentación a dúo con Rolando Luna, el día 29 donde ambos interpretarán a Ravel y Alejo Carpentier "a nuestra locura" como ella lo define. "Va a ser un concierto único, irrepetible". Sus ojos brillaban con la euforia de quien se rencuentra con los suyos, con sus raíces. 

Pero es imposible hablar con Yilian sin invocar Montreaux, el festival suizo que le cambió el destino. "Siendo tan joven, ganar uno de los eventos más importantes de la música... fue un antes y un después", evoca moviendo las manos al ritmo del recuerdo. En 2008, con su cuarteto Ochumare, conquistó a este prestigioso jurado internacional. 

"Ese premio fue mi trampolín hacia la escena global, donde es candela abrirse paso entre tantos músicos buenos. Visibilidad pura, puertas que se abren. Ya no es solamente que tú misma y tus profesores te digan, "Si eres buena, sigue adelante." Si no, personas que no te conocen y no tienen por qué apoyarte, comienzan a hacerlo porque ven el talento en ti y las posibilidades reales de desarrollarte como artista y como músico”.

Le pregunto sobre su decisión de cantar mientras toca el violín y estalla en una carcajada. "¡Es que ya estoy muy loca, mi amor!", me responde. Vuelve entonces a la niña que cantaba en Los Meñiques con la profesora María Álvarez Ríos, a la adolescente que abrazó el violín en la Manuel Saumell.

"Siempre tuve esas dos pasiones y en un momento determinado de mi vida me dije: siempre la gente ve una parte de mí, nunca ven a las dos. Entonces me pregunté ¿Cómo puedo hacer para que vean la Yillian completa? Y ahí fue cuando se me ocurrió la idea de empezar a cantar y a tocar el violín". Imagínate la locura, el violín, que es un instrumento que está apoyado aquí justo con la garganta, que ya solamente tocarlo es candela y yo dije, " Nada, quiero experimentar". Porque me gusta hacerlo y mientras más experimentaba más sentía que era algo muy único, especial y en lo cual yo me podía expresar de una manera muy particular, algo que es mío”.

En su historia también late un mestizaje que defiende como identidad y como bandera. "Me apasiona, lo defiendo con mi música y mi persona. Es vital para la música y como humanos: estar abiertos a otras culturas", nos afirmaba. Vitamina, su nueva producción discográfica que verá la luz el 6 de febrero surge de esa mezcla que la define. "Es un disco que abraza", decía. "Tiene raíces cubanas, influencias africanas y texturas europeas". Aunque no forma parte de su agenda en el Jazz Plaza promete volver a La Habana con algo de su Vitamina.

Antes de despedirnos, la conversación vira hacia otra de sus trincheras: la presencia femenina en el jazz. Este año ella junto a otras intérpretes participó en la jornada dedicada al tema en la Fábrica de Arte Cubano. 

“Nosotras en el jazz estamos agarrando terreno, seguridad, poder. Me llena de alegría ver mujeres liderando, componiendo, tocando. Tenemos talento infinito, creatividad sin fin. Solo faltan oportunidades. 

Entonces, todo lo que yo pueda hacer también en ese sentido lo haré. Siempre estoy involucrada en proyectos por lograr que no seamos algo anecdótico, de una o dos, sino que seamos muchas más ocupando la pista”.

Yilian se despidió con esa calidez habanera que la caracteriza "Gracias a ti, nena" Luego posó ante nuestro lente con su mirada de fuego mestizo y una sonrisa que promete incendiar cada uno de los escenarios que pisa. Afuera, La Habana, seguía sonando en clave de jazz. Mientras se marchaba con paso seguro cada gesto nos recordaba que "el arte no pide permiso: se toma". Y cada vez más, son ellas quienes marcan el compás.

 




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