domingo, 11 de enero de 2026

El ejemplo de su consagración

Por: Marilys Suárez Moreno

La calificaron como ¨la  flor más autóctona de la Revolución¨, porque en el corazón de todos los que la conocieron ella sería  siempre la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana.

 La entrega de Celia Esther Sánchez Manduley a la lucha revolucionaria fue completa y absoluta, pues estuvo entre las primeras en la línea de combate, desde el desembarco en Las Coloradas hasta su muerte, el 11 de enero de 1980. Dirigía ella el movimiento revolucionario en Pilón y por su responsabilidad y sentido organizativo fue pieza clave en el apoyo al desembarco de Fidel y los demás expedicionarios del Granma.

Se había sumado a la lucha desde el mismo cuartelazo el 10 de marzo de 1952 y aun antes de entrar en contacto con Fidel era una de los cuadros más destacados de la clandestinidad en la región, donde posteriormente a los sucesos del Moncada,  contribuiría activamente a la distribución en Manzanillo de los primeros ejemplares de La Historia me Absolverá que Fidel había sacado clandestinamente de la cárcel y que le reveló el alcance programático del movimiento gestado en el Moncada por la Generación del Centenario.

 Criada por su padre, el  Doctor Manuel Sánchez, un convencido martiano y hombre de ideas avanzadas, Celia creció en un ambiente de buenas costumbres y entrega revolucionaria. Alcanzada la madurez política suficiente se sumó a la lucha contra Batista, luego de haber tomado partido con el Ortodoxo de Eduardo Chibas, del que su padre fue un eficaz colaborador.

Era una combatiente con excepcionales intuición, sensibilidad e inteligencia. A su valor personal, mostraba un especial espíritu para crecerse en los momentos más difíciles de la guerra y a través de toda su vida. A su sencillez se unía una modestia innata y una exquisita sensibilidad de mujer. Quizás porque nunca le abandonó el sentimiento y raíz de pueblo que llevaba consigo. Por eso era capaz de comprender y entenderse con el pueblo, que la  tenía como suya.

Como dijo el desaparecido investigador Pedro Álvarez Tabio, su biógrafo, Celia está tan imbricada en la historia de la Revolución Cubana y de Fidel, que resulta imposible separar una de otra. Combatiente de la clandestinidad y de la Sierra, fue también la persona que con más celo resguardó cada instante de la historia insurreccional cubana. Gracias a ella y a su afán por salvar el más ínfimo papelito o anotación, se creó la Oficina de Asuntos Históricos, en cuyas bóvedas se guardan miles de documentos originales de la lucha revolucionaria.

 Muchas fueron las bondades que adornaron a Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, quien durante el proceso revolucionario impulsó legislaciones de Seguridad Social para las trabajadoras y campañas por la incorporación de la mujer al trabajo y fue artífice de cientos de obras sociales. Su muerte, el 11 de enero de  1980, enlutó el alma de su pueblo.


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