José Martí Pérez fue el Apóstol de la independencia cubana. Nació en La Habana el 28 de enero de 1853. Cayó en Dos Ríos, Oriente del país, el 19 de mayo de 1895.
Por Marilys Suárez Moreno
En enero de 1871 cumplido los 18 años, José Julián Martí Pérez, el primogénito y único varón de Doña Leonor y Don Mariano, zarpaba hacia Cádiz en calidad de deportado. Fue su primer destierro a España y otro de los tantos desgarrones sufridos a lo largo de su corta pero fructífera vida.
La sombra de Cuba en el horizonte le persiguió por siempre. De Cádiz salió el joven desterrado cubano rumbo a Madrid, donde apenas llegado hizo público un viril folleto titulado El presidio político en Cuba, una acusación al gobierno colonial hecha en el mismo corazón de la Metrópoli, y cuyas líneas bastaban para tener una idea de los sufrimientos a que fue sometido el Martí adolescente y los demás seres que debían cumplir trabajos forzados en Cuba bajo la égida colonial.
Días después, matriculaba en la Universidad madrileña la carrera de Derecho y enseguida buscó la compañía de otros cubanos desterrados y algún trabajo que le permitiera subsistir en España.
Comenzó a dar clases particulares y apenas descansaba, pues aprovechaba para escribir y polemizar en cuantos medios le ofreciera espacio. Siempre defendiendo el derecho de Cuba a la independencia.
Tras dos años de estancia en Madrid, Martí enrumbó hacia Zaragoza, en Aragón que lo acogió con simpatía y amor. A su lado, su amigo del alma, Fermín Valdés Domínguez. Igualmente desterrado.
Allí aprobó las asignaturas faltantes de la carrera de Abogado y las de Filosofía y Letras, todas con altas calificaciones. El año y medio que pasó Martí en Zaragoza, la ciudad aragonesa ocupó por siempre un lugar muy importante en sus recuerdos. A esta etapa de su vida se refiere en un poema aparecido en sus Versos sencillos:
Para Aragón en España,/ tengo yo en mi corazón/. Un lugar todo Aragón,/franco, fiero, fiel, sin saña.
Cumplido su destierro en España partió hacia México, donde por entonces residían sus padres y hermanas. Allí lo esperaba su familia, solo faltaba Ana, fallecida el cinco de enero de ese año 1875, a los 18 años de edad. Y a quien luego recordaría en sus Versos Sencillos.
Nuevos desgarrones jalonarían la vida del Héroe Nacional cubano, entre ellos, el fallecimiento de otras dos hermanas a temprana edad, una estancia de más de 14 años en los Estados Unidos, lejos de los suyos físicamente, pero a quienes no dejaba de escribir y aconsejar y lo que era para él prioridad mayor, organizar la guerra que llamó necesaria y que le robaba fuerzas y tiempo y cuya lejanía le atormentaba todo el tiempo.
Otras pérdidas, como la muerte de su padre y la separación de su esposa e hijo le laceraron el alma. Se habían casado en 1877 y el nacimiento un año después de su hijo, José Francisco, le había llenado de alegrías y sueños, pero nuevos desgarramientos sobrevendrían en lo personal para Martí, que vivía el drama de su hogar deshecho y la incomprensión de la esposa ante sus ideales y la eterna lucha que él se sentía obligado a librar por la libertad de Cuba.
No le faltaron incomprensiones, indiferencias, carencias, desamor, dificultades y retos como la organización de una guerra que él llamó necesaria.
En ese tremendo bregar, un solo día de descanso y de fiesta íntima se permitió "El más universal" de todos los cubanos. Ocurrió el día de la llegada a Nueva York de su amigo y hermano, Fermín Valdés Domínguez, el mismo día en que Martí cumplía 41 años, el 28 de enero de 1894.
Tengo la vida a un lado y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas, escribiría luego el Apóstol de nuestra independencia a su niña querida, María Mantilla antes de partir hacia Cuba. Poco después ofrendaba su vida tras un enfrentamiento fortuito con el enemigo.
Esto es a muerte o vida, NO cabe errar, había dicho sin saber que empezaba con su morir, la vida.

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