Por Marilys Zayas Shuman
El cierre de 2025 encuentra a Cuba en una encrucijada marcada por tensiones estructurales y desafíos persistentes. Las carencias materiales erosionan la vida cotidiana, y son las mujeres quienes, con su trabajo de cuidado y organización comunitaria, sostienen la vida en medio de la escasez.
La emigración redefine el mapa social y económico: muchas parten en busca de horizontes, mientras otras asumen la responsabilidad de sostener comunidades enteras. Este éxodo deja vacíos que impactan en la productividad, la cohesión social y la memoria colectiva.
Esta realidad no puede comprenderse sin reconocer el peso del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos. Durante décadas, este cerco ha limitado el acceso a recursos básicos, tecnologías y mercados, intensificando desigualdades de género. El bloqueo multiplica las tareas de las mujeres, que deben administrar la escasez y garantizar la supervivencia de los hogares. Aun así, el país mantiene servicios esenciales como pilares de dignidad y soberanía, gracias en gran medida a la capacidad femenina de organizar, resistir y crear alternativas.



