viernes, 9 de enero de 2026

Mujeres Cuba Adentro: La tierra no me limita, me impulsa

Testimonio de María Elena Cabreras Cabrera, productora de tabaco en Pinar del Río

Me llamo María Elena Cabreras Cabrera y soy productora de tabaco. También trabajo en el sector estatal como especialista de la tierra en la Empresa de Tabaco de Pinar del Río. Mi historia con la tierra comenzó antes de que pudiera nombrarla: nací y crecí en esta finca, que perteneció a mis abuelos y que, gracias a la Ley de Reforma Agraria tras el triunfo de la Revolución, pasó a ser propiedad de la familia. Desde entonces no me he movido de aquí. Tengo 38 años y toda mi vida ha transcurrido entre estos surcos.

Durante años trabajé 4.5 hectáreas en propiedad. Recientemente, gracias al Decreto Ley 358, pude ampliar mi área de producción y hoy cultivo alrededor de 17 hectáreas, lo que me permite crecer en el tabaco y diversificarme con cultivos varios y la cría de ganado. Mi mayor reto es seguir expandiéndome: sueño con tener mi propia escogida, contar con todos los implementos necesarios y lograr una producción cada vez más abundante y de mayor calidad. No me pongo límites porque no los siento. Mi impulso es avanzar.

Sé que en ocasiones, por ser mujer, una llega a ciertos espacios y recibe miradas que dicen sin palabras: “Esa no va a poder”. Es algo común, pero no definitivo. Las limitaciones, he aprendido, muchas veces se las crea uno mismo. Cuando me subestiman, no retrocedo: vuelvo, insisto, demuestro. Y al final queda claro que una mujer puede hacer lo mismo que un hombre y obtener resultados igual de buenos.

En el mundo del tabaco persiste la idea de que los hombres alcanzan mejores resultados, que el título de Hombre Habano es un destino exclusivamente masculino. Yo creo que eso responde más a creencias heredadas que a realidades. Estoy convencida de que una mujer también puede llegar a ese nivel de excelencia.

He tenido la suerte de contar con un acompañamiento constante. La Federación ha sido un pilar para mí: me abrió puertas, me mostró la dimensión social de mi trabajo y me integró a espacios donde he podido intercambiar con mujeres de otras provincias, compartir experiencias productivas y también reflexionar sobre nuestra vida política y social. Hoy soy miembro no profesional del secretariado provincial, y ese vínculo ha sido profundo y transformador.

A las mujeres les hablo desde dos lugares: como productora y como trabajadora del sector tabacalero. Siempre que puedo, busco a aquellas que desean incorporarse a la tierra. Les digo: “Si yo, que soy como ustedes, tengo mi propia vega, ¿por qué ustedes no podrían?” La tierra te enseña a ver el resultado desde cero: desde la semilla hasta el producto final. Y no hay satisfacción más grande que saber que lo lograste con tus propias manos.

Mi mensaje es simple: la tierra no discrimina; florece con quien la trabaja. Y nosotras, las mujeres, tenemos todo para hacerla florecer.

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