Por Lianne Garbey Bicet
La Habana amaneció hoy vestida de respeto y compromiso patriótico. Desde las primeras horas de la mañana, miles de personas se congregaron en torno a la Tribuna antiimperialista en el Malecón capitalino para participar en la Marcha del Pueblo Combatiente.
Mujeres, hombres, jóvenes y veteranos se unieron en un solo paso para rendir tributo a los soldados caídos en la tierra de Bolívar. El silencio respetuoso, roto solo por las consignas de unidad y frases revolucionarias, demostró la magnitud del sacrificio de aquellos que entregaron su vida en tierras hermanas.
El acto, presidido por autoridades del Partido, el Gobierno y las organizaciones de masas, reafirmó el compromiso de las nuevas generaciones con los valores de solidaridad y hermandad que han unido históricamente a ambos pueblos.
“Ante todo, cubanos y venezolanos somos hermanos”, sentenció el primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante su discurso.
Ante las actuales amenazas que enfrenta el pueblo cubano, Díaz-Canel reiteró el llamado a la unidad, que definió como el arma más poderosa, y se dirigió a los jóvenes que hoy viralizan las leyendas de la Revolución evocando la figura del líder eterno en sus palabras finales: “No, señores imperialistas, no les tenemos absolutamente ningún miedo… No nos gusta, como dijo Fidel Castro, que nos amenacen. No van a intimidarnos”.
Integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del ministerio del Interior encabezaron el desfile, seguidos por estudiantes, trabajadores y representantes de distintos sectores sociales.
Portaron flores, retratos de los mártires y pancartas con frases de unidad latinoamericana. En este contexto fue notable la presencia de la juventud, integrantes de la Federacion Estudiantil Universitaria (FEU) y cadetes de las escuelas militares, quienes caminaron con paso firme asumiendo el relevo histórico de una generación que entiende la importancia de defender la soberanía regional.
La figura de José Martí, inmortalizada en el emblemático monumento de la tribuna, se convirtió en guía de la multitud en su andar por una latinoamérica unida y libre del cerco imperialista.
Con la Marcha del Pueblo Combatiente, Cuba una vez más abrazó a sus héroes en su camino a la inmortalidad. Porque, como bien sabemos, la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.



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