jueves, 22 de enero de 2026

Feminismos e izquierda en América Latina: un desencuentro que pide reconfiguración

 


Por Marilys Zayas Shuman

En América Latina, la relación entre los feminismos y las izquierdas vuelve a colocarse en el centro del debate político. No es un vínculo nuevo ni sencillo: ha oscilado durante décadas entre la alianza estratégica y el desencuentro persistente.

Hoy, en un continente marcado por el reflujo progresista y el avance de proyectos conservadores, esa tensión adquiere un carácter urgente. Lo que está en juego no es solo la agenda de género, sino la capacidad misma de las izquierdas para reinventarse frente a la agresión imperial y la violencia que se despliega sobre la región.

La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, impulsada por Donald Trump en enero de 2026, ha reactivado las memorias de las agresiones históricas contra la soberanía latinoamericana. El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores no solo busca desarticular un gobierno, sino también debilitar las posibilidades de proyectos emancipatorios en la región. En este escenario, los feminismos emergen como una fuerza imprescindible para sostener la vida, denunciar la violencia y articular solidaridades transnacionales que enfrenten tanto la militarización como el saqueo.

En Venezuela, las organizaciones feministas sostienen espacios comunitarios de cuidado, refugio y denuncia. En países vecinos, las redes feministas articulan campañas de solidaridad. La defensa de la autonomía corporal se enlaza con la defensa de la soberanía nacional: cuerpo y territorio se convierten en trincheras de dignidad frente a la agresión externa.

El mapa político regional muestra un progresismo fragmentado. Conviven gobiernos de izquierda con administraciones abiertamente, pero incluso en los primeros, los avances en derechos sexuales y reproductivos han sido erráticos. La izquierda institucional, atrapada entre demandas económicas y presiones de gobernabilidad, ha relegado con frecuencia las agendas feministas o las ha instrumentalizado sin asumir transformaciones de fondo.

La coyuntura venezolana demuestra que sin feminismos no hay posibilidad de reinvención progresista. La crítica al patriarcado y al capitalismo, junto con la defensa de la vida digna, son claves para enfrentar tanto la agresión externa como la avanzada conservadora interna.

No se trata de sumar mujeres a estructuras ya definidas, sino de permitir que los feminismos transformen las formas de hacer política, de gobernar y de imaginar futuro. Una izquierda que aspire a relevancia en el siglo XXI tendrá que feminizarse en sus prácticas, no solo en sus discursos. La coyuntura exige algo más que alianzas tácticas: requiere una refundación ética y política capaz de enfrentar la avanzada conservadora y, al mismo tiempo, de reconocer la potencia transformadora de los feminismos.

La agresión de Trump a Venezuela marca un punto de inflexión. Los feminismos son hoy la fuerza capaz de articular resistencia regional, sostener la vida en medio de la violencia y ofrecer claves para la reinvención de las izquierdas. Abrir espacios reales de poder, escucha y co-construcción feminista no es una concesión, sino la condición para que América Latina recupere horizonte y dignidad.

 

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