Catalina Álvarez Ilarragordi es la directora general del Centro Industrial Biotecnológico CIGB‑Mariel, una institución que representa la expansión y el rejuvenecimiento del histórico Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, fundado por el Comandante en Jefe. Ingeniera química desde hace 30 años, ha dedicado toda su vida profesional a la biotecnología. Su vínculo con este sector comenzó incluso antes de graduarse: desde 1992, cuando aún era estudiante, se enamoró del CIGB y de su misión. Al graduarse en 1995, se incorporó a la institución y desde entonces ha asumido múltiples responsabilidades y misiones.
A lo largo de su carrera ha enfrentado estereotipos que todavía persisten. Muchas veces le preguntaron cómo pensaba dedicar tantas horas a la ciencia y, al mismo tiempo, tener un hijo, formar una familia, organizar su vida personal. Su respuesta siempre ha sido sencilla y compleja a la vez: sí se puede. Se pasa trabajo, por supuesto, pero se logra. Y cuando una lo siente de verdad, encuentra la manera.
En su comunidad es una figura muy reconocida. Desde los 14 años es cederista y federada. Creció en un hogar profundamente comprometido con los preceptos de la Revolución, y desde muy joven supo que sería militante comunista. Era lo que veía, lo que escuchaba, lo que se vivía en su entorno. Pero más allá de la formación política, aprendió algo esencial: si una persona no siente lo que hace, no puede sostenerlo, por más metodologías que existan. Conoce a personas con grandes herramientas técnicas que, sin embargo, pierden la práctica porque les falta ese motor interno: los principios, el sentido del propósito, la convicción de por qué se quiere lograr un resultado.
Cuando piensa en referentes, piensa en Vilma Espín. Para ella, Vilma encierra muchas cosas: es heroína, ingeniera química y, sobre todo, la mujer que más ha luchado por las cubanas. Fue el impulso necesario para que la mujer avanzara dentro de la Revolución. Aunque aún queda camino por recorrer, Vilma abrió la senda con su dulzura, su inteligencia y su firmeza. Aunque el Comandante le pidió asumir ese rol, Catalina está convencida de que lo habría hecho igual, porque lo sentía profundamente. La equidad y la igualdad de género fueron el centro de su vida.
Este año, al celebrarse el 95 aniversario de su natalicio y el 65 aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas, Catalina considera que siempre es necesario volver a Vilma, como se vuelve a Fidel. Los paralelismos importan: una se mira en otras mujeres, se inspira en ellas, se reconoce en sus luchas. Para ser ejemplo, también se apoya en lo vivido, en lo aprendido, en quienes abrieron camino antes.
Vilma es ese ejemplo. Y desde su responsabilidad en la ciencia cubana, Catalina intenta honrarlo cada día.
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