Tamara Columbé Matos es especialista en la esfera de promoción de la mujer y atención a las familias. Su vínculo con la Federación de Mujeres Cubanas comenzó justo al graduarse. En aquel entonces ya tenía una boleta de preubicación como subdirectora jurídica de la Empresa de Navegación Bahamás, pues así funcionaban los procesos en esa etapa. Sin embargo, un día recibió la llamada del comité universitario —donde había sido dirigente estudiantil— para informarle que la Federación, por solicitud de Vilma Espín, buscaba jóvenes graduadas, y que en la Facultad de Derecho habían pensado en ella.
Para Vilma, lo esencial era impulsar el desarrollo pleno de la mujer, siempre a partir de la voluntad de cada una de crecer, enfrentarse a la vida y transformarla. Aquella primera misión se convirtió para Tamara en una batalla hermosa. Recién salida de la universidad, se encontró frente a un escenario donde se luchaba contra normas establecidas que limitaban a las mujeres, normas que reflejaban cómo se las veía en aquel tiempo. Fue testigo de cómo Vilma logró una modificación que, a su juicio, representó un resultado ideológico enorme para la lucha por la igualdad.
Tamara recuerda también la comunión profunda que existió entre Vilma y Fidel: una relación de criterios, intereses y visión compartida. Vilma le comentaba a Fidel cada tarea y cada idea fundamental, y él mostraba un entusiasmo inmenso. No es casual que Fidel estuviera presente en todos los congresos de la Federación. Ese respaldo constante es algo que las cubanas agradecen profundamente. Desde el primer congreso, cuando él pronunció la frase “mujeres cubanas unidas”, quedó marcado un mandato que ha acompañado a la FMC hasta hoy.
En palabras de Tamara, en estos tiempos en que las mujeres afirman ser protagonistas de la revolución y vencedoras de lo imposible, el reto cotidiano sigue siendo honrar esa historia, sostenerla con el trabajo y continuar abriendo caminos para las que vienen detrás.
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