Por Lari Pérez Rodriguez

“Desde que tuve el accidente, todo cambió. Perdí mi trabajo, mi independencia, y ahora dependo de mi esposo para todo. No solo no puedo decidir sobre el dinero, tampoco puedo decidir sobre mi vida.” Así cuenta Dunia, una mujer de 42 años que vive en La Habana con una discapacidad motora adquirida tras un accidente laboral. Su testimonio no es aislado, sino el reflejo de una realidad muchas veces ignorada: la violencia económica que enfrentan las mujeres en situación de discapacidad en Cuba.
Por Zucely de Armas Almarales
Dania aún recuerda el frío metálico de la camilla y la voz tajante del médico que, sin siquiera mirarla a los ojos, le dijo: “No deberías tener este hijo, no vas a poder cuidarlo”. Ella, mujer habanera de 35 años que vive con una discapacidad motora y utiliza silla de ruedas desde la infancia, no esperaba compasión, pero tampoco imaginó que su deseo de ser madre sería tratado como un acto irresponsable. “Me hicieron sentir que ser madre no era un derecho mío. Como si estuviera cometiendo un delito”, dice Dania con una mezcla de rabia y tristeza.
Por Zucely de Armas Almarales
Marlys Ruiz, proveniente de la Isla de la Juventud, es una joven de 23 años que desde pequeña ha tenido que enfrentar los desafíos de la polineuropatía congénita desmielizante, una enfermedad degenerativa que afecta su movilidad.
Conocida en Instagram, como @_extasiis_, Marlys se dedica a crear contenido para las redes sociales y espera ser una representación positiva para futuras generaciones.