Por Isel Quintana Freyre
En el kilómetro 7 de la carretera San Juan, municipio de Pinar del Río, la finca El Paraíso del Tabaco es mucho más que tierra productiva: es el proyecto de vida de María Elena Cabrera Cabrera, una productora que honra la tradición familiar y la renueva con visión social, empresarial y profundamente humana.
Quien visite estos campos encontrará tabaco en sus distintas clases —capas, tripas, capotes y tapado—, pero también hallará una manera distinta de entender la producción agrícola. Para María Elena, cultivar no es solo obtener rendimientos; es cuidar a las personas que trabajan la tierra, pensar en la comunidad y sembrar futuro para la familia.
Durante la zafra, María Elena reúne a un colectivo de alrededor de 30 trabajadoras y trabajadores, de los cuales 10 son fijos y entre 12 y 14 son mujeres que participan activamente en la escogida y el beneficio del tabaco. Por tal razón su colectivo se siente parte de la finca. La productora no oculta que la clave está en el compromiso mutuo: “No es difícil mantener a la familia animada cuando el trabajo nace del gusto, no de la imposición”, comenta. Sus hijos crecieron entre vegas y escogidas, y ya se asoman al futuro con liderazgo propio: una de sus hijas, dice con orgullo, “va a ser la jefa de todo el mundo” y se sienta en la escogida a anotar y organizar.




