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Dos veces al mes, les convidamos a seguir la sección Por una piel saludable, una iniciativa concebida para dar a conocer información útil, consejos prácticos, datos científicos y rutinas de bienestar sobre esa barrera protectora de nuestro organismo.
Dra. Dailys Remón del Risco y Yamylé Fernández Rodríguez
Imágenes: Dailys Remón del Risco e Internet
Llega la temporada de verano y con ella la tan esperada etapa de vacaciones docentes en Cuba. Por estos meses se sienten más calurosos los días, se alargan las jornadas de manera intencional y todo parece confluir para potenciar el disfrute.
Es este el motivo perfecto para dar inicio a esta sección titulada Por una piel saludable, una iniciativa concebida para transmitirles información útil que contribuya a ampliar conocimientos sobre esa barrera protectora de nuestro organismo.
Bajo el sol, con salud
En esta primera entrega, y en consonancia con la etapa estival, vamos a develar algunos secretos de nuestro amigo el sol: cuándo es buena compañía y cuándo nos daña; cómo convivir con él y aprovechar sus bondades y cómo ser feliz bajo sus rayos en la justa medida, sin excesos.
Toda la información llegará a través de la doctora Dailys Remón del Risco, especialista de Primer Grado en Medicina General Integral y en Dermatología del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán, de La Habana, e integrante del Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas.
Doctora, qué se entiende por fotodaño y cómo prevenirlo específicamente en un clima como el que vivimos los cubanos.
Lo primero que le diría es gracias por interesarse por un tema que es de vital importancia para la salud de la piel de las personas.
Nuestra condición de isla tropical, la disminución de la nubosidad y el aumento de la temperatura global, entre otros factores, han propiciado el incremento de la radiación solar en Cuba en los últimos años y en igual medida ha crecido el diagnóstico de cáncer de piel en el sistema nacional de salud, llegando a ocupar aproximadamente el 23% de todos los cánceres registrados en un año.
Si bien el fotodaño se entiende como la acumulación crónica de radiaciones solares por exceso de exposición a los rayos ultravioletas, lo que constituye la principal causa de fotoenvejecimiento prematuro, el cual ocurre después de varias exposiciones que provocan daño solar agudo.
El fotodaño aparece poco tiempo después de la exposición y puede presentarse desde un leve enrojecimiento con sensación de ardor, hasta francas ampollas, quemaduras solares e incluso deshidratación y fatiga, mientras que el fotoenvejecimiento a consecuencia del efecto negativo y acumulativo de la radiación excesiva, se va a caracterizar por una piel que se torna fina, con pérdida de la elasticidad, aparición de arrugas finas y profundas, pecas, manchas carmelitosas, conocidas cómo lentigos, que se consideran precursores de malignidad.
También los poros se observan dilatados, la piel seca, con pérdida de su luminosidad natural, ya que la pérdida de uniformidad del color, el tono parduzco que toma la piel, sobre todo en la cara, cuello y brazos, hace que pierda su capacidad de reflejar la luz de manera homogénea.
Lo más importante a resaltar es que estos cambios ocurren de manera prematura y no se corresponden con la flacidez que acompaña la senectud, sino que responden al daño causado por el exceso de radiación al tejido conectivo que le da soporte, firmeza y textura a la piel.
Lo primero es recalcar que el fotodaño es ciento por ciento prevenible, lo que se logra protegiéndonos adecuadamente del sol, desde la infancia, todos los días y en todas las épocas del año.
Es bueno que en el período estival hablemos del tema una y otra vez para que se redoblen las medidas de fotoproteccion, pero siempre aclarando que es una necesidad diaria, de toda la vida y que solo convirtiéndola en un hábito rutinario es que logra su total efectividad.
Cuba es un eterno verano y esto no debe asumirse solo como un eslogan, sino como una realidad que nos alerta que durante todo el año tenemos un alto índice de radiación solar, la cual es el principal factor para que ocurra el daño actínico crónico, pero hay otros como las cámaras de bronceado que, aunque no estén de moda en nuestro país, sí lo se usan en otras partes del mundo.
¿Cómo prevenir el fotodaño?
Aquí pudiéramos usar términos modernos como la fotoprevención, que engloba la fotoprotección y la fotoeducación.
Definidos de manera simple la fotoprevención no es más que las medidas estratégicas para prevenir el daño solar mediante la fotoprotección que son las medidas específicas que utilizamos para bloquear el sol y disminuir al máximo su incidencia sobre la piel. En este caso nos referimos al vestuario adecuado, al uso de gafas, sombreros, ropa encubridora y el protector solar.
Por su parte, la fotoeducación abarca la educación a la población sobre estos temas y acerca de los horarios de mayor radiación, dónde y cuándo irradia más el astro rey, qué condiciones ambientales enmascaran o incrementan la radiación, entre otras informaciones que nos hacen tener una relación consciente y amigable con el sol y nos permita tanto el disfrute como el autocuidado de la salud cutánea.
Entre los principales riesgos para el organismo debe aclararse que al inicio apenas son lesiones visibles que con el paso del tiempo se convierten en tumores malignos que requieren de intervención médica especializada y llegan generalmente a la cirugía con la consecuente aparición de cicatrices que pueden ser deformantes, antiestéticas e incluso mutilantes. Por tanto, el principal riesgo que corremos al sobreexponernos al sol es el de padecer cáncer de piel
¿Que fotoprotector escoger?
Lo fundamental es comenzar a utilizar uno ya, usarlo durante todo el año y en toda la superficie corporal con énfasis en las zonas del cuerpo más expuestas al sol y en los meses de verano.
De manera general se recomienda un FPS (Factor de Protección Solar) que son las siglas que tienen los fotoprotectores en su presentación, de 15 para las pieles negras, de 30 para las pieles mestizas y de 50 para los blancos.
Además se debe tener en cuenta para qué tipo de piel está concebido, ya sea grasa, seca o mixta, y para qué zona del cuerpo ( la cara o todo el cuerpo) ya que algunos faciales contienen pigmentos que no deben usarse durante la exposición a radiaciones fuertes como por ejemplo en la playa o después de someterse a tratamientos abrasivos como los peeling (técnica de tratamiento corporal que se utiliza para mejorar y suavizar la textura de la piel, a menudo la piel del rostro, usando una solución química que hace que la piel muerta se desprenda y finalmente se despegue).
Para los niños se recomienda escoger siempre formulaciones diseñadas para este grupo etario, que suelen ser sin colorantes ni fragancias. El protector solar se debe colocar 30 minutos antes de la exposición al sol y reaplicar cada dos horas aproximadamente. Se impone aprender a leer las etiquetas, profundizar en su uso y convertirlo en hábito diario, sugiero que ampliemos sobre el tema en otras emisiones.
¿Qué hábitos pueden contribuir a la fotoproteccion natural?
Entre los hábitos diarios que potencian la fotoprotección natural está indiscutiblemente la hidratación ya que el 70 % del contenido de la piel es agua, por lo que tomar al menos dos litros de este líquido vital durante el día la mantiene hidratada, además de preferir gel de baño para el aseo diario, el agua a temperatura agradable no muy caliente y el uso de cremas hidratantes dos a tres veces al día.
Llevar una dieta balanceada en la que no falten frutas y vegetales, pues estos aportan vitaminas que ayudan al equilibrio y la protección de la barrera cutánea, proteínas y en general todos los grupos de alimentos. Por último realizar actividades físicas acorde con la edad y mantener la higiene del sueño.
Agradecemos a la doctora Dailys Remón del Risco, especialista en Dermatología por sumarse a nuestro equipo de la Revista Mujeres con tan interesante tema y dejamos abierta la invitación para disfrutar plenamente de este caluroso verano sin descuidar la protección cutánea.





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