Por Aimé Sosa Pompa, Isel Quintana Freyre y Bolivia Tamara Cruz
En la Sala 11 del Palacio de Convenciones, el foro Fidel y la Revolución de las Mujeres, congregó a un auditorio diverso y comprometido, bajo la moderación de Osmayda Hernádez Beleño, miembro del Secretariado Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Con la participación de Karla Leyva Gómez, del Colectivo Nuestra América de México, y Mariana Vensiozam, de la Universidad de Campinas, Brasil, el panel se convirtió en un espacio de análisis profundo, donde el pensamiento de Fidel sobre la emancipación femenina dialogó críticamente con las corrientes feministas contemporáneas.
Mariana Vensiozam presentó una ponencia de gran densidad teórica, titulada "Fidel Castro, la Revolución Cubana y las mujeres: diálogo crítico con el feminismo decolonial". Desde sus primeras palabras, la académica brasileña pidió disculpas por leer en español, pero su texto atrapó por la claridad con que abordó las convergencias y, sobre todo, las divergencias estratégicas entre el legado fidelista y las corrientes decoloniales.
Recordó que para Fidel la cuestión femenina no era un tema complementario ni asistencial, sino constitutivo de la propia Revolución. Su célebre definición de la lucha de las mujeres como «una revolución dentro de la revolución» sintetiza una concepción política que exigía transformar las estructuras económicas, sociales, culturales e ideológicas, mucho más allá de la igualdad formal que persigue el feminismo liberal.
Vensiozam reconoció las contribuciones del feminismo decolonial al visibilizar cómo la opresión de las mujeres no se manifiesta de la misma manera en todos los contextos históricos: mujeres negras, indígenas, campesinas, trabajadoras, de pueblos colonizados experimentan formas específicas de violencia y deshumanización.
En ese punto, destacó que Fidel también partía de la realidad concreta de una sociedad colonial, esclavista, racializada y dependiente y que su concepción de lucha no ignoraba la multiplicidad de discriminaciones.
Sin embargo, marcó una diferencia crucial: mientras el feminismo decolonial tiende a privilegiar las dimensiones culturales, discursivas y subjetivas de la opresión, Fidel enfatizaba la necesidad de una transformación estructural de la sociedad, sin la cual las dimensiones simbólicas corren el riesgo de no enfrentar las estructuras que producen y reproducen la desigualdad.
La panelista alertó sobre el riesgo de que la crítica decolonial, poderosa al revelar los límites del universalismo abstracto, se vuelva insuficiente si se aleja de la crítica de la economía política, de la cuestión nacional y de la lucha antiimperialista.
Desde México, Karla Leyva Gómez aportó una mirada fresca y combativa al destacar una de las enseñanzas más valiosas del proceso cubano: la integralidad con que se asume la conciencia de género.
«Aquí en Cuba el feminismo no es cosa de mujeres, es algo que se lleva a la sociedad completa», afirmó. En tal sentido criticó las corrientes que excluyen a los varones de la lucha feminista, al asumir de manera binaria que el hombre es malo y la mujer la víctima, ignorando que los patrones patriarcales pueden ser reproducidos por cualquier persona que viva en este sistema. Ese vacío político e ideológico, advirtió, es llenado por la manosfera y las corrientes de derecha.
Por eso celebró que en la Revolución Cubana se interpele a los varones y se trabaje en conjunto para desaprender las prácticas opresivas, «en lo micro y hasta lo macro».
Leyva también actualizó la mirada sobre los derechos conquistados por las cubanas, al mencionar la reciente ampliación de la licencia de maternidad a 15 meses, un beneficio que no solo protege a la madre, sino que refuerza el tejido afectivo y social desde la primera infancia.
El foro evidenció que el legado de Fidel en la lucha por la emancipación femenina no es una reliquia del pasado, sino una guía viva para enfrentar los desafíos de hoy.
La FMC, fundada en 1960 bajo el liderazgo de Vilma Espín, sigue siendo esa fuerza organizada que, con capilaridad social, convierte las políticas en realidades concretas para las mujeres, especialmente las más vulnerables.
En cada intervención resonó una convicción compartida: la liberación de las mujeres no es un asunto sectorial, sino una condición indispensable para construir una sociedad verdaderamente justa, soberana y solidaria. Y como dijo Fidel, esa revolución dentro de la revolución sigue su marcha, con las cubanas y los cubanos de hoy como protagonistas.


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