martes, 11 de agosto de 2026

Género, feminismo y emancipación: un panel para sembrar futuro desde el legado de Fidel




Por Aimé Sosa Pompa, Isel Quintana Freyre y Bolivia Tamara Cruz

En el marco del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, la Sala 11 del Palacio de Convenciones de La Habana acogió el panel “Género, feminismo y emancipación”, un espacio de pensamiento crítico donde tres voces de América Latina y el Caribe dialogaron sobre la vigencia del ideario fidelista en la lucha por los derechos de las mujeres.

Bajo la moderación de la doctora en ciencias Vivian Isabel Antúnez Saiz, profesora titular del Centro de Estudios de la Administración Pública de la Universidad de La Habana, el panel reunió a investigadoras de México y Brasil, y a la propia academia cubana, para demostrar que la revolución de las mujeres no es un capítulo cerrado, sino una construcción cotidiana que necesita teoría, acción y sensibilidad.

La doctora Karla Jeanine Leyva Gómez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, abrió la sesión con la ponencia “Una revolución dentro de la Revolución: aportes del proyecto fidelista a la lucha por los derechos de las mujeres en América Latina”. Su intervención desmontó cualquier idea que reduzca el legado de Fidel a gestos simbólicos: para el Comandante en Jefe, la emancipación femenina no era un complemento, sino una condición indispensable para la transformación social.

Leyva Gómez destacó que, desde los primeros años del triunfo revolucionario, Cuba impulsó un entramado de leyes, instituciones y políticas públicas que colocaron a la mujer en el centro de la vida económica, política y cultural. Ese proyecto, liderado por la Federación de Mujeres Cubanas bajo la guía de Vilma Espín, se convirtió en referente para los movimientos feministas de Nuestra América que buscan justicia sin desarraigar la soberanía ni la identidad.

Desde Brasil, la doctora Mariana Vensiozam, de la Universidad Estatal de Campinas, presentó “Emancipación femenina en el pensamiento de Fidel: diálogos críticos con el feminismo decolonial”. Con una mirada aguda y honesta, la académica reconoció los aportes del pensamiento decolonial al visibilizar cómo la opresión de las mujeres se entrelaza con la raza, la clase y la herencia colonial.

Sin embargo, señaló una divergencia estratégica fundamental: mientras algunas corrientes decoloniales priorizan las dimensiones culturales y discursivas, Fidel subrayó siempre la necesidad de transformar las bases materiales de la sociedad. Para el líder cubano, la igualdad formal sin cambios estructurales resultaba insuficiente. La verdadera emancipación exigía educación, trabajo, salud, participación política y una revolución ideológica que desmontara los valores patriarcales sedimentados durante siglos.

Vensiozam también advirtió sobre los riesgos de que la crítica decolonial, poderosa al revelar los límites del universalismo abstracto, se aleje de la lucha antiimperialista, de la cuestión nacional y de la construcción de alternativas concretas.

La doctora Vivian Isabel Antúnez Saiz cerró el panel con la ponencia “El empoderamiento de la mujer en Cuba: reflexiones de un desarrollo innovador y emancipatorio”. Basada en una investigación que incluyó encuestas a mujeres emprendedoras y profesionales, la académica cubana ofreció datos que confirman la transformación radical vivida por las cubanas tras 1959.

Antes de la Revolución, recordó, las mujeres estaban relegadas al ámbito informal y eran uno de los sectores más discriminados. Hoy, el 90 por ciento de las encuestadas posee educación superior, y su presencia es mayoritaria en sectores como el sistema judicial —donde más del 80 por ciento de los jueces son mujeres— y significativa en la ciencia, la tecnología y la administración pública.

La profesora subrayó el papel del Programa de Adelanto para la Mujer, aprobado en 2021, como hoja de ruta estratégica, aunque reconoció que su divulgación debe ser más innovadora y llegar con mayor fuerza al sector no estatal. Entre las barreras identificadas por las mujeres entrevistadas, el bloqueo económico estadounidense apareció como el principal obstáculo, por encima incluso de las trabas burocráticas o las carencias formativas.

Antúnez Saiz concluyó con una idea que resume el espíritu del panel: el empoderamiento de la mujer cubana es un proceso en evolución constante, con logros históricos indiscutibles, pero también con desafíos que exigen creatividad, corresponsabilidad y fidelidad al legado de Fidel.

El panel “Género, feminismo y emancipación” fue mucho más que un espacio académico. Fue la confirmación de que el pensamiento de Fidel sobre la mujer sigue siendo brújula para las luchas actuales. Las tres ponencias, desde sus diversas miradas, coincidieron en que la igualdad no se regala ni se importa: se construye con soberanía, con justicia social y con la participación activa de las mujeres como protagonistas de su propia historia.

En tiempos de asedio y resistencias, la Sala 11 del Coloquio Internacional recordó que la revolución de las mujeres es, como dijo Fidel, una revolución dentro de la Revolución. Y que esa llama, encendida hace más de seis décadas, sigue iluminando el camino hacia una sociedad donde la dignidad no tenga género.

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