Por Lauren Rodríguez Gutiérrez.
La tarde del 20 de agosto será atesorada en la memoria de algunas de las mujeres que han consagrado sus vidas a cumplir con las tareas otorgadas por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Este día fueron merecedoras del reconocimiento de la Organización y de la Revolución por sus trayectorias y méritos alcanzados en sus respectivas áreas de trabajo y en la FMC.
En medio del ajetreo y la euforia del momento, la Editorial de la Mujer pudo recolectar las impresiones y emociones de cinco de las homenajeadas.
Mujeres que se han consagrado a la obra de la Revolución y recibieron el abrazo de una Revolución que también es ellas.
Inicialmente, Pilar Nancy Reyes Valls quien lleva en su sangre la estirpe de la tierra santiaguera, y en su quehacer, la herencia de Mariana Grajales.
Licenciada en Enfermería y oriunda del consejo popular del Cobre, donde ha puesto el cuerpo y el alma en el Programa Materno Infantil y la vacunación.
Su militancia activa en el Grupo de Respuesta Rápida habla de una mujer que entiende la Revolución como un acto de presencia constante.
Al recibir la Orden Mariana Grajales, sus palabras fueron un destello de identidad: "Soy de Santiago, del Poblado del Cobre, del Bloque 267 'Tania la guerrillera'. Me siento agradecida de recibir la Orden Mariana Grajales, porque yo me siento Mariana", dijo con la emoción que sugiere recibir un galardón largamente soñado.
También fue reconocida la trayectoria de Mayra Díaz García, una militante de cuerpo entero. Con 53 años ininterrumpidos en la organización, su biografía es un recorrido por todos los escalones de la dirección, desde la secretaría de bloque hasta la Dirección Nacional.
Licenciada en Historia y Ciencias Sociales, su especialidad es la escucha activa: ha dedicado su vida profesional a la atención de niños, adolescentes y familias en situación de vulnerabilidad, y hoy coordina la consejería de violencia en la sede nacional.
Al recibir la Orden Mariana Grajales, su mirada se nubló de lágrimas que recuerdan al pasado: "Tengo el alto honor de que la Orden Ana Betancourt me la entregó Vilma Espín. Cuando me dijeron que me iban a otorgar esta, pensé mucho en ella y en los retos que tenemos.
La FMC tiene mucho por hacer, atemperado a los tiempos que vivimos. Si pudiera volver a elegir, volvería a ser cuadro de la Federación", confesó con la firmeza de quien ha hecho de la escucha su principal bandera.
Por su parte, Rosa Irene Mayo Pupo llegó con la energía de quien no concibe el retiro. Jubilada pero reincorporada al trabajo, su vínculo con la FMC comenzó a los 14 años, y desde entonces no ha soltado la tarea.
Miembro del secretariado municipal, recibió la Distinción 23 de Agosto con la modestia de quien ve en el servicio una muestra de amor y no de esfuerzo.
"Recibo esta medalla con mucho orgullo y con un compromiso eterno. Nos queda mucho por hacer porque todavía tenemos que seguir defendiendo nuestra Patria, nuestra Cuba libre", expresó, dejando claro que su lucha sigue vigente.
Asimismo, Elsy Consuelo Tamayo López, quien llegó desde Camagüey con la memoria encendida. "Yo nací con la Federación", dijo, y no era una metáfora: su madre era de la Brigada Ana Betancourt, y su infancia transcurrió al ritmo del trabajo incansable y el despertar a las tres de la mañana para ir a la escuela.
Al recibir la Distinción 23 de Agosto, su discurso fue un canto a la deuda eterna: "Soy negra y tuve la posibilidad de estudiar, todo se lo debo a la Revolución. Esta medalla es para los que ya no están, para mi mamá y mis tías". Y con la fuerza de quien sabe de dónde viene, sentenció: "El nombre de este país es Cuba, que es nombre de mujer, y esta Revolución es nuestra".
Minutos más tarde, Lidia Esther Pedreira Díaz natural de Yaguajay, la tierra de Camilo, comentó que su militancia comenzó a los 14 años, de la mano de una madre fundadora que alzaba caña en los primeros años de la Revolución.
A los 27 años asumió cargos dirigentes, y aunque luego se desempeñó como auxiliar económica, hoy sigue activa desde la casa de orientación a mujeres y la familia, impartiendo cursos de artesanía y manualidades.
Al recibir la distinción que reconoce su entrega política y social, su voz no flaqueó: "Mi familia era muy pobre y muy revolucionaria. A la Revolución le debo todo lo que sé y lo que tengo. Esta distinción me hace más fuerte, más combativa, y seguiremos delante del cañón luchando".
La fecha quedará grabada en la memoria de quienes han hecho de la entrega a la Federación de Mujeres Cubanas un motivo de vida.
Hoy, tenemos diferentes perfiles y una certeza: la FMC no es una organización para mujeres, es una organización hecha de mujeres que, como estas cinco, han tejido con sus manos y su constancia el alma de un país.

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