Por Yamylé Fernández Rodríguez
Fotos: Archivo y de la autora
Era el 13 de enero de 1976 y la carretera hacia el municipio camagüeyano de Vertientes se convirtió en una larga fila humana. Banderas cubanas, panameñas y del Movimiento 26 de Julio ondeaban mientras la multitud aguardaba con entusiasmo el paso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el general de brigada Omar Torrijos Herrera, presidente de Panamá.
Entre quienes formaban del cordón de seguridad estaba Adelina Rivero Mulet, entonces una joven de apenas 21 años de edad.
“Nos indicaron estar allí para evitar que las personas se lanzaran a la calle al pasar el jeep con la importante visita y pude ver de cerca cuando pasaron Fidel y Torrijos saludando a todos. Fue algo muy bonito porque había muchas banderas y mensajes revolucionarios. Casi todo Vertientes estaba allí y se sentía un calor humano impresionante, rememora.
Medio siglo ha transcurrido de aquel suceso y Adelina aún conserva con toda nitidez la imagen de Fidel:
“Me impresionó mucho por su estatura porque era un hombre alto, corpulento, con un físico fuerte y me llamó la atención su forma de saludar y mirar a la gente, en tanto Torrijos también se veía con una personalidad muy especial y saludaba al pueblo con gestos que mostraban afecto”.
Ambos líderes se dirigieron al central Panamá donde Fidel y la delegación que lo acompañaba conocieron de cerca el funcionamiento del ingenio, tras lo cual partieron hacia el Instituto Politécnico Cruce de la Trocha, centro formador de los futuros trabajadores del coloso azucarero.
ADELINA, UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN PERSONAL
Tiempo después, Adelina pasó a formar parte del colectivo del central Panamá donde se desempeñó en diversas áreas como Economía, Recursos Humanos, Sala de control, Abastecimiento y asistente del Jefe de Maquinaria hasta consolidarse como especialista en Mantenimiento y actualmente se presenta con orgullo como trabajadora cincuentenaria del sector azucarero.
Sin embargo, antes de llegar a esa posición y complementarse como docente del Instituto Politécnico Agropecuario (IPA) Cruce de la Trocha, transitó por un largo camino de superación:
“En realidad comencé estudiando Física, pero dejé la carrera en cuarto año porque no tenía manera de ir con los problemas de mi niño chiquito en aquel momento. Luego estudié un poco de mecánica Maquinaria azucarera, pero tampoco me gradué, y así fui estudiando algunas cosas y no me graduaba, hasta que volví a empezar y terminé el técnico medio en Maquinaria azucarera, después hice agronomía en Florida y más adelante, gracias a la Tarea Álvaro Reynoso (recapacitación de la fuerza de trabajo como una opción de empleo para el sector azucarero), me hice Licenciada en Sociología, un conocimiento que me abrió mucho la comprensión de la sociedad dentro de una empresa azucarera”.
Sin dudas el camino recorrido por esta mujer expresa su voluntad de no rendirse y hasta de romper tabúes al incursionar en especialidades que en la época en que lo hizo se asociaban más al sexo masculino.
ENCUENTRO CON VILMA ESPÍN: UNA VIVENCIA ESPECIAL
Un recuerdo muy especial guarda Adelina y es del año 1996 cuando la presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) Vilma Espín Guillois visitó al central Panamá.
“Fue algo muy bonito. Habíamos hecho una exposición para que Vilma la apreciara con muchas fotos donde estaban Fidel y Omar Torrijos, y otras del propio central y habíamos preparado una oficina arriba para atenderla, pero Vilma nos dijo que no podía subir aquellas escaleras y decidimos llevarla para mi oficina en la planta baja.
“En ese momento yo trabajaba en Abastecimiento y tenía mi oficina con muchas fotos porque siempre me ha gustado tener mi espacio donde poner las cosas que me gustan y tenía allí imágenes del Che, de Camilo, a Fidel, Torrijos, así como una exposición grande en la pared y mi mesa de trabajo estaba tan llena de papeles que me daba hasta pena que Vilma viera aquello regado, pues fue ahí cuando ella expresó: "esta oficina me gusta porque es una oficina de trabajo y entonces se sentó, se tomó un agua de coco, estuvo ahí compartiendo con casi todas las mujeres del central y después nos tiramos muchas fotos.
“Ella era muy natural, muy sencilla, amable, cariñosa y sensible, pero con una personalidad muy fuerte y eso se notaba. Una mujer muy bonita, alta, que de verdad impresionaba verla”.
Emocionada al remontarse a aquel momento, Adelina sostiene el libro de visitantes firmado por la dirigente femenina en aquella ocasión y con evidente agradecimiento subraya que uno de los grandes aportes de la Revolución lo hicieron Fidel y Vilma al propiciar la emancipación de las mujeres en Cuba.
“Antes del triunfo de la Revolución las mujeres no tenían casi decisiones propias porque en su mayoría vivían pegadas al hombre, que era quien las mantenía y les decía lo que tenían que hacer.
“En Vilma tuvimos a una de las mujeres más entusiastas y preparadas del país para indicarnos el camino a seguir, para prepararnos para la vida, para mantener a nuestros hijos y nuestros hogares. Ella contribuyó mucho a que todas tuviéramos protagonismo dentro de la sociedad y actualmente podemos ver que tenemos mujeres científicas, profesionales de la salud, periodistas, dirigentes de la Federación de Mujeres Cubanas, del Partido Comunista de Cuba, entre otros sectores. Es decir que Vilma fue un eje fundamental para educar a todas las cubanas y hacerles sentir su verdadero valor”.
Hoy, a sus 70 años de edad, Adelina Rivero Mulet continúa como profesora en el IPA Cruce de la Trocha y capacitando a nuevos trabajadores y lleva una vida tranquila junto a su esposo Juan Martínez Morell, sus hijos y nietos: “Me gusta mucho dar clases, me gusta mucho enseñar. He estado muy feliz en el central y en la docencia”.
Las evocaciones de Adelina trascienden como el sentir de una generación que coincidió físicamente en el tiempo con grandes hombres y mujeres de la historia contemporánea cubana como Fidel y Vilma, y la pasión con que transmite esas vivencias la convierten a ella también en parte de la memoria histórica de su localidad.



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