Por Marilys Zayas Shuman
La Asamblea Nacional del Poder Popular sesionaba en la tarde de este miércoles con el ritmo intenso que ha caracterizado este VII Período Ordinario: informes, cifras, transformaciones, ajustes y proyecciones.
En medio de ese ambiente técnico y acelerado, la intervención de la diputada Llaniska Lugo introdujo un tono distinto. Su discurso no solo se sumó a la cadena de datos; abrió un espacio de reflexión política y sensibilidad social que marcó un punto de inflexión en el debate.
Lugo habló desde la experiencia social y desde la memoria colectiva, situando las 176 transformaciones económicas y sociales en un contexto que, según dijo, no puede obviarse: el cerco externo, la crisis interna y la desconexión que sienten sectores de la población respecto al proyecto socialista.
La diputada comenzó recordando la declaración aprobada en la mañana, donde la Asamblea denunció las políticas de asedio del gobierno de Estados Unidos. Ese marco, afirmó, atraviesa la vida cotidiana del país y condiciona la implementación de las transformaciones.
Enumeró los problemas que afectan a la población, agua, alimentación, recogida de desechos sólidos, energía, medicamentos, acceso al efectivo.
Son asuntos que la Asamblea ha discutido reiteradamente y que, según Lugo, conforman un escenario de crisis que a veces impide ver el alcance del proyecto socialista y su capacidad histórica de crear una sociedad distinta.
En ese sentido propuso leer las transformaciones como un diálogo entre la historia emancipadora de la Revolución y la crisis actual. Sin idealizar el pasado, recordó que el socialismo cubano ha formado un sujeto con dignidad, criterio propio y soberanía.
Su intervención se movió entre dos advertencias: Sin dogmas contra el mercado y el sector privado, reconociendo su papel en la economía; sin dogmas contra el Estado, recordando que el neoliberalismo latinoamericano redujo el Estado prometiendo eficiencia, pero produjo concentración de ganancias y endeudamiento social.
La también Educadora popular convocó a aprender de esas experiencias para evitar reproducir errores que ya demostraron su fracaso en la región.
Distinguió entre medidas que han sido ampliamente discutidas con el pueblo —como la autonomía de la empresa estatal, la reducción de burocracia y la descentralización territorial con recursos reales— y otras que, según afirmó, han tenido menor debate público: conversión de empresas estatales en sociedades por acciones, venta de activos, banca privada.
Para ella, estos temas requieren mayor transparencia y participación, porque tocan la estructura del modelo y los sentidos del socialismo.
Dedicó un momento de su intervención a la defensa de la participación popular real, no limitada al control posterior, sino al diseño mismo de las políticas, “el pueblo no puede participar solo al final. Tiene que participar en el momento de pensar cómo se articulan los actores económicos, cómo se aprueban los espacios de producción en su territorio.”
Insistió en que la participación debe ser mandato, no solo fiscalización. Y que el sentido socialista se construye donde se produce la vida, en los espacios cotidianos donde la gente crea, trabaja y se relaciona.
Sin pretender ofrecer una definición cerrada, la diputada propuso una idea compartida por amplios sectores de la sociedad sobre principios del socialismos que incluyen lo cooperativo, lo comunitario, lo fraterno, lo solidario, donde el dinero no manda, donde la desigualdad no se naturaliza, donde la pobreza no se acepta como paisaje, donde la dignidad es centro. “Ahí estamos más cerca del socialismo”, afirmó. Y añadió que el pueblo cubano no quiere renunciar a esa cultura emancipadora que ha construido durante décadas.
En su cierre, Lugo convocó a habilitar nuevos espacios de poder popular para que la gente pueda definir la articulación de los actores económicos y garantizar que estos sirvan al desarrollo territorial.
Pidió transparencia, participación y dirección con sentido socialista para superar errores, enfrentar el cerco externo y no perder nunca el humanismo que ha caracterizado al proyecto cubano.

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