martes, 25 de agosto de 2026

Mujeres en campo: María Elena y el Paraíso del Tabaco





Por Isel Quintana Freyre

En el kilómetro 7 de la carretera San Juan, municipio de Pinar del Río, la finca El Paraíso del Tabaco es mucho más que tierra productiva: es el proyecto de vida de María Elena Cabrera Cabrera, una productora que honra la tradición familiar y la renueva con visión social, empresarial y profundamente humana.

Quien visite estos campos encontrará tabaco en sus distintas clases —capas, tripas, capotes y tapado—, pero también hallará una manera distinta de entender la producción agrícola. Para María Elena, cultivar no es solo obtener rendimientos; es cuidar a las personas que trabajan la tierra, pensar en la comunidad y sembrar futuro para la familia.

Durante la zafra, María Elena reúne a un colectivo de alrededor de 30 trabajadoras y trabajadores, de los cuales 10 son fijos y entre 12 y 14 son mujeres que participan activamente en la escogida y el beneficio del tabaco. Por tal razón su colectivo se siente parte de la finca. La productora no oculta que la clave está en el compromiso mutuo: “No es difícil mantener a la familia animada cuando el trabajo nace del gusto, no de la imposición”, comenta. Sus hijos crecieron entre vegas y escogidas, y ya se asoman al futuro con liderazgo propio: una de sus hijas, dice con orgullo, “va a ser la jefa de todo el mundo” y se sienta en la escogida a anotar y organizar.

Para quienes laboran en la finca, la atención es una prioridad diaria. Actualmente se ofrece un almuerzo fuerte con arroz, frijoles, viandas y, cuando se sacrifican cerdos, las partes que no se comercializan van directo al comedor. María Elena sueña con ampliar el desayuno: ya tiene una vaca y proyecta otras dos para ofrecer leche fresca, y construye una nave para gallinas que aporte huevos hervidos cada mañana. También siembra plátanos, mangos y guayabas con el mismo objetivo: fortalecer la alimentación de su gente sin depender de la calle.

No pasan por alto las fechas señaladas. En el 26 de Julio o el fin de año, la finca reparte una “jaba” con productos y un pedazo de carne, como gesto de reconocimiento. Tras la zafra, además, se aplican estímulos según el desempeño individual.


Otro capítulo de esta historia es la seguridad. Después de que les robaran dos paneles solares, la familia decidió colocar custodios nocturnos. “Pusimos un guardia y repusimos los paneles. Ya eso no vuelve a pasar”, relata con firmeza. Los paneles solares, adquiridos gracias a la logística de Tabacuba, iluminan la casa, la escogida y otras infraestructuras; también respaldan un pozo algo más alejado, igualmente custodiado.

La vocación social de María Elena se desborda hacia los hogares de niños del territorio. En varias ocasiones ha realizado donaciones y hasta organizó una actividad completa en la finca: almuerzo, refrescos, payaso y mucha alegría para las niñas y los niños que más lo necesitan. “Con los niños del hogar es con quienes más me he sensibilizado”, confiesa.

María Elena mantiene, además, su vínculo laboral estatal con flexibilidad: atiende computadoras desde la finca, va los lunes a la puntualización y los viernes a la población. “Me veo doblemente afectada, como productora y como trabajadora, pero he creado las condiciones para atender ambas responsabilidades”, explica.


La finca pertenece a su familia desde antes del triunfo de la Revolución. Sus padres fallecieron en 2022, el año del ciclón Ike que hizo destrozos en la provincia más occidental, y muchas personas pronosticaron que vendería y se mudaría a la ciudad. Ella respondió con arraigo: “¿Qué voy a hacer en Pinar del Río? Para mí la ciudad es una jaula de pájaros. Esta libertad de sembrar, criar, cuidar y ver crecer desde cero no la cambio por nada”.

Así, entre el aroma del tabaco y el canto de la tierra, María Elena Cabrera sigue haciendo camino. “Me gusta la música y sigo la tradición. Guajira soy”. Y en esa guajira se resume el alma de una mujer que, desde el campo, demuestra que producir con amor, justicia y sentido comunitario es también una forma profunda de hacer Revolución.

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