Por Marilys Suárez Moreno
Foto: Radio Angulo
Martí no debió de morir, pero nadie pudo detener su destino, aquel domingo 19 de mayo de 1895 en que machetes y balas signaban su vida. José Martí, el Apóstol de la independencia y la dignidad cubana, nuestro Héroe Nacional, ofrendaba su vida.
Gómez le había advertido, pero él necesitaba probarse en el campo de batalla, no era de los que agitaban y llamaban para quedarse atrás. Semanas antes había dejado varios apuntes que correspondían a diferentes lapsos de su existencia. Antes había escrito a María Mantilla: “Tengo la vida a un lado y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas”.
Para María Zambrano, una personalidad de las letras españolas que vivió en Cuba, el Diario de Campaña de Martí no revela huella alguna de presentimiento, ni la más leve preocupación ante la muerte. Acaso, escribió ella, no imaginaba que iba hacia su fin, o quizá no quiso transcribirlo, más la existencia misma del Diario, su tono y una específica calidad como de misterioso temblor del alma ante las cosas que parecen herirle, fluyen en sus páginas.



