Por Yamylé Fernández Rodríguez
Fotos: Cortesía de la entrevistada
Entre las manos y corazones cubanos que ahora mismo apoyan a los damnificados en Venezuela tras los dobles sismos del pasado 24 de junio está la Licenciada en Enfermería Yaimara Santana Zamora.
Aunque al ocurrir la tragedia se encontraba en el municipio Caroní, perteneciente al Estado Bolívar, enseguida se dispuso para ir adonde hiciera falta a ayudar a las víctimas y hoy forma parte de los brigadistas cubanos que laboran en el refugio Gato Negro en Fuerte Tiuna, donde se brinda amparo a miles de personas afectadas por el fenómeno telúrico.
Desde allí, vía WhatsApp, compartió un emotivo testimonio:
"Aquí en estos momentos se viven aires de pura solidaridad, no solo de la parte cubana, porque hay representación de muchos países.
En medio de tanto dolor y angustia que sufren estas personas afectadas de una manera u otra por el desastre natural, brindamos amor, atención, dedicación, apoyo psicológico, pero sobre todo mucha entrega profesional, considerando siempre que tenemos delante a quienes lo han perdido todo, a quienes quedaron sin familiares o enfrentan la soledad, y a muchos niños.
Al hablar del efecto de la tragedia en los más chicos, a esta enfermera cubana se le quiebra la voz al evocar a un pequeño de solo tres años de edad, que necesitó hidratación, y cuya mirada tan triste estremeció a todos.
“En el refugio donde me encuentro se organizan actividades recreativas para los niños: se les entregan juguetes, se animan a dibujar y a participar en dinámicas pensadas para aliviar el estrés que cargan.
“Es importante recordar que el día de los sismos las alarmas de los teléfonos sonaron sin cesar, y ahora cualquier sonido similar los sobresalta. Por eso aplicamos estas iniciativas para devolverles un poco de alegría; aunque detrás de cada sonrisa persiste una tristeza profunda, en muchos casos marcada por la pérdida de familiares”.
Otro de los casos que la impactó fue el de una señora que llegó descompensada de la tensión arterial y pidió ser atendida por personal cubano.
“Ella quiso que fueran la doctora y la enfermera cubanas quienes la asistieran. Lloró con nosotros, nos contó su historia, se quedó sin nada, pero se sentía tan reconfortada de saber que éramos cubanas quienes la atendíamos, que eso para ella fue algo enorme”.
Hondos son los sentimientos que esta situación genera en los profesionales de la salud que socorren a los damnificados por los recientes sismos en Venezuela y, aunque como seres humanos al fin también se les haga un nudo en la garganta al escuchar devastadores testimonios, optan por transmitir mensajes de aliento y esperanza.
“Las emociones que vivimos en este momento son muy fuertes. Yo he llorado, pero aquí en la casa (lugar donde se están quedando), porque a los pacientes ahora lo que toca es ponerle la mano en el hombro y decirle tranquilo, no te preocupes, lo importante es que estás con vida, estamos aquí y hasta en buen cubano les decimos una broma para tratar de hacerlos sonreír en medio del dolor.
“Demostramos la preparación que hemos recibido y los valores inculcados en nuestra formación profesional durante la cual aprendemos a sentir como propio el dolor ajeno sin perder la firmeza”.
Muy atentos están sus hijos Aymara y Alejandro, su esposo Amado Yudier Peláez, su madre Miriam y toda la familia, quienes constantemente le transmiten palabras de amor y orgullo por su desempeño porque saben que ella no solo cumple con su deber profesional, sino que encarna el espíritu de la solidaridad cubana.
Así lo confirma el emotivo mensaje enviado por su hija al conocer sobre el triste acontecimiento:
“Lo único que te pido es que te cuides muchísimo, más de lo que lo has estado haciendo, y que como siempre hagas lo que mejor sabes hacer y lo que te gusta hacer. Esa será una experiencia nueva para ti y algo duro para mí al no saber a lo que te enfrentas, cuídate y ayuda a esas personas que te necesitan tanto como nosotros”.
Con 22 años vistiendo el uniforme de enfermera, Yaimara Santana Zamora es trabajadora del Policlínico Arturo Puig Ruiz de Villa, en Minas, provincia de Camagüey. Desde diciembre del pasado año cumple su primera misión internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela.
Al preguntarle cómo se define en estos momentos, responde con breves pero contundentes palabras:
“Soy un ser humano con alto nivel profesional, dispuesta a ayudar y a prestar una atención de excelencia al hermano pueblo venezolano, demostrando, como decimos en Cuba, que estamos unidos en las buenas y en las malas”.

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