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| Desde la finca La Coronela en Caimito, Artemisa una mujer convierte la dureza del carbón en energía |
Por Marilys Zayas Shuman
En la finca de Sara Carcachel, el humo que se eleva no es solo señal de fuego: es anuncio de futuro. Allí, donde la tierra resiste entre carencias y retos de un bloqueo infame, una mujer convierte la dureza del carbón en energía para sostener la vida comunitaria. El “aroma”, esa planta que crece en su finca y da nombre a esta historia, se vuelve metáfora de resistencia y creación femenina.
El paisaje habla: ganado que pasta, surcos, una chivita recién nacida,que parece más mascota que parte del rebaño,hornos recién levantados y árboles que florecen con aroma, fruta bomba, plátanos, mangos y guayabas. La madera apilada con paciencia, los hornos en construcción, los animales que conviven con la rutina productiva y el verdor que abraza el espacio forman un mosaico de vida compartida.




