Por Marilys Suárez Moreno
Porque también fuimos jóvenes e inconvenientes, tuvimos nuestras inquietudes, impaciencias, desconciertos, sueños y el sagrado derecho a decidir por cuenta propia, no nos gusta escuchar a algunos que para referirse a grupos de muchachos indisciplinados, o socialmente desviados generalicen a toda la juventud y despotriquen contra sus gustos, conductas y lenguaje con la consabida frase de: “la juventud está perdida”.
No se percatan de que tal sentencia lastima por su crueldad a un buen estudiante o a una joven trabajadora, por ejemplo. De esos que por sus condiciones y comportamiento ante la vida, enriquecen su accionar ante la sociedad y ante sí mismos.




