Desde el gobierno de las Estados Unidos han dicho que “no se puede ejercer mucha más presión salvo entrar y destruir el lugar”.
Ese “lugar” soy yo. Soy la abuela cubana que se levanta cada día con el cuerpo cansado y el alma en pie.
Soy la que cría, la que enseña, la que cuida, la que resiste, la que pelea. Soy la que no se rinde. No me hables de destrucción.
Porque yo vengo de Mariana, que entregó a sus hijos a la guerra y gritó “¡arrodíllense ante su madre, no ante el enemigo!”.




