En las circunstancias actuales que vivimos las familias cubanas en la isla, donde cada día nos exige reinventarnos para resistir y avanzar, abrir las puertas de las aulas es un acto de profundo privilegio.
La Federación de Mujeres Cubanas, que late en cada hogar y cada comunidad, quiere llegar esta mañana al corazón de cada madre, padre y cada tutor, para compartir un abrazo y una certeza: la educación de nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
En medio de las complejidades energéticas, de las distancias que a veces se hacen más largas y de las carencias materiales que intentan doblegar el espíritu, las cubanas demuestran una vez más que su mayor fortaleza es su vocación humanista. Garantizar la continuidad de estudio de cada educando no es solo un deber constitucional, es un gesto de amor cotidiano.




