Por Aime Sosa Pompa
Imagen: Lauren Olivera
El 24 de enero es uno de esos días en que el planeta entero debería inclinarse para escuchar el pulso ancestral de África y el eco profundo de todas sus hijas y sus hijos dispersos por el mundo. Es el Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, instaurado por la UNESCO en 2019, no como un simple recordatorio, sino como una celebración activa, un reconocimiento a la savia que ha nutrido civilizaciones. También es un acto de justicia histórica, un aplauso vibrante a la inmensa huella africana desde que la humanidad se erigió como soberana y cuna.



