Por Marilys Suárez Moreno
Muchas madres o padres se pasan el día llamando la atención a sus hijos de todo lo que hacen mal o no hacen, pero no toman medidas concretas para cambiar la situación.
Debemos ahorrarnos los sermones que los menores no entienden y que, además, producen poco resultado ya que se acostumbran a ellos y no les causa ningún efecto. Se debe plantear directamente la situación cuando se actúa incorrectamente; resolverla y hacer que este proceder se haga habitual.
Por ejemplo, cuando el infante se levanta, después que se viste, debemos decirle “ acuérdate de estirar la sabana y arreglar la almohada para que la cama luzca bonita”.




