Por Lisandra Chaveco
Cuando ocurre un desastre natural, los daños suelen medirse en cifras: total de viviendas afectadas con derrumbes totales o parciales de techos o cubiertas, número de comunidades incomunicadas y/o con limitaciones en el acceso a infraestructuras (salud, educación) y servicios básicos (agua, electricidad, gas). Pero detrás de cada daño material existe una familia. Y dentro de cada familia hay historias, necesidades y vulnerabilidades que no siempre pueden computarse a simple vista.
Por eso para el proyecto Comunidades en Acción la contribución de las organizaciones de la sociedad civil, en particular de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en la construcción de una gestión inclusiva de múltiples riesgos en Bahía Honda es muy valiosa. Y Bárbara Vanesa Cabrera Fuentes, representante de la organización en ese territorio, conoce bien esa realidad.
Desde su experiencia acompañando a las mujeres y las familias del municipio, sabe que para comprender realmente el impacto de una emergencia no basta con saber qué se rompió. Hay que saber quiénes viven allí, quiénes necesitan mayor apoyo, quién cuida a quién y qué vulnerabilidades tiene esa familia para enfrentar la situación.



