Por Marilys Zayas Shuman
Hay miedos que una no sabe explicar hasta que le toca vivirlos. El miedo a un diagnóstico, a escuchar una palabra que puede cambiarlo todo, a una operación. Miedo, también, a no tener a mano todo lo necesario para enfrentarla. Porque en Cuba, hoy, enfermarse supone lidiar no solo con la incertidumbre propia de cualquier padecimiento, sino también con otras preguntas que inevitablemente se instalan en la cabeza: ¿habrá los insumos?, ¿estarán los medicamentos?, ¿podrá realizarse la operación?, ¿cómo estarán las condiciones del hospital?, ¿y si falta algo?
En esos días descubrí que el miedo tiene muchas maneras de manifestarse. A veces descontrola tu presión sin previo aviso, a veces se disfraza de preguntas, otras de silencio.
Una intenta mostrarse fuerte, tranquilizar a quienes están alrededor, pero por dentro necesita que alguien le diga que todo va a salir bien. Y entonces aparece una mirada.




