Por Marilys Suárez Moreno
Ella libró con constancia y consagración la importante y crucial batalla de cuidar a su numerosa familia y aportar a la formación y personalidad de sus hijos valores como la modestia, la entereza y la defensa de la verdad, contribuyendo decisivamente a la formación ética y moral que hizo de su hijo el más universal de los cubanos.
El amor y la ternura que Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez Cabrera ofreció a sus siete hijas y a su único varón, se trocó en dolor y angustia cuando su José Julián sufrió prisión y trabajos forzados en las canteras de San Lázaro, siendo apenas un adolescente.
Desterrado después por sus ideas políticas, nadie como su madre, sintió tanta pena por el peregrinaje y alejamiento forzoso que lo mantuvo por años fuera de la patria en que nació y en la que apenas pudo vivir, porque se vio ante la disyuntiva de escoger entre el amor a sus padres y hermanas y su deber con la Isla amada.



