Por Lauren Rodríguez Gutiérrez
A veces el algoritmo de las redes sociales tiene un sentido de humor extraño. Estás navegando sin rumbo por Instagram y de repente te aparece un reel de una cuenta de un negocio, cuyo nombre no hace falta mencionar, en el que, en un inicio, parecía que iban a defender a las mujeres. Sin embargo, a medida que avanza la escena, te das cuenta de que no todo es lo que parece.
¿Qué se supone que sienta una mujer cuando ve a otras debatiendo entre aceptar que un cliente les falte el respeto a cambio de una propina generosa, o poner un límite y arriesgarse a que el dinero se esfume? No es una escena cómoda, y por eso mismo vale la pena detenerse en ella. Porque no siempre lo cómodo coincide con lo justo.




