Por Aime Sosa Pompa
El 29 de junio marca el aniversario de la muerte de una mujer que llegó a millones de hogares con más de 40 novelas para televisión y radio: Delia Fiallo.
Quienes aún la recuerdan, saben que detrás del nombre de esta cubana abundan lágrimas, suspiros y desamores que adornaron una imaginación colectiva de varias generaciones.
Quienes ni saben de su existencia, pueden atreverse a indagar si detrás del glamour de la época, los personajes femeninos eran fuertes o solo al amparo machista se volvían heroínas en busca de qué objetivo.
Delia escribía para las mujeres. Eso siempre fue claro y hoy es mucho más evidente. Sus novelas parecían escaparates de sueños prohibidos, páginas de diarios con vidas que muchas no podían permitirse pero que podían sentir como propias.
Sus historias parecían espejos de frustración, esperanza, ambición, todas las formas clásicas posibles del amor y también del dolor.
Ella retrataba realidades distorsionadas, donde los pobres se hacían ricos, las malas pagaban caro sus errores y los hombres arrepentidos conseguían el perdón de sus amantes con "un par" de lágrimas.
En ese universo, las protagonistas tenían un tipo de fuerza, de ingenio y coraje. Los orígenes de esas milagrosas elecciones estaban ahí, como las puntadas invisibles de los zurcidos hechos con manos hábiles masculinas.
Estaban atrapadas en roles tradicionales: madres solteras que sacrificaban todo por sus hijos e hijas, empleadas que terminaban "enamorando" al patrón o al jefe o viudas que redimían al villano con amor. Los melodramas se convirtieron en súper adictivos guiones para atrapar. Cualquiera podría preguntarse por cuantas esquinas se perdían luchando entre sí el romanticismo tóxico y la supervivencia femenina.
En sus novelas existían los amores que transformaban o salvaban, sin importar que bordearan los abusos y chantajes emocionales. Ellas podrían llamarse Marielena, Fabiola, Cristal o Leonela, Kassandra (así mismo con Ka y doble eSe), Esmeralda, Milagros o Guadalupe. Igual, iban a convertirse en esa clase de heroínas que todo lo soportan: humillaciones, celos enfermizos, violencia psicológica y hasta física.
Cada título en emisión venía con un mensaje implícito: cuando se ama de verdad, todo se perdona (SUSPIROS Y LÁGRIMAS IN CRESCENDO). Cuando sufres por amor, lo has conocido en realidad (FLORES Y BESOS EN PRIMER PLANO).
Eres la súper mujer que cambia al hombre, un justo final esperado por audiencias románticas montadas en trenes adornados de suspiros y besos que cerraban finales felices (CIERRA PLANO CON VOZ EN OFF: ERA EL HOMBRE DE SU VIDA).
A la misma velocidad con la que escribía 35 páginas diarias y con curitas llenas de sentimientos, sus trazos pudieron sanar superficialmente a miles de mujeres. Ellas fueron llevadas a un mundo donde se veían a sí mismas como "guerreras" con las manos y "mentes", atadas.
Los guiones de Delia Fiallo enseñaron esos modelos de amor y de género que ya no queremos repetir, ni aceptar aunque alguien perjure después de tanto daño: "Te sigo amando".
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