Por Zucely de Armas Almarales
María Elena vive con el recuerdo de cuando fue a denunciar, cuenta que el policía le dijo que no la podía ayudar porque ella no entendía bien las cosas. “Como si ser sorda me hiciera mentirosa”, cuenta María Elena*, una mujer de 42 años con discapacidad auditiva que vivió violencia física y psicológica durante más de ocho años.
Cuando finalmente logró reunir el valor para acudir a la estación de policía, no había intérprete de lengua de señas, ni paciencia en la mirada de los oficiales. “Me trataron como si fuera una niña caprichosa. Me hicieron repetir todo, una y otra vez, y al final no levantaron la denuncia”, recuerda con impotencia.



