miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cuba ante el 2026, con la fuerza de las mujeres, la resiliencia del pueblo y el horizonte feminista

Por Marilys Zayas Shuman

El cierre de 2025 encuentra a Cuba en una encrucijada marcada por tensiones estructurales y desafíos persistentes. Las carencias materiales erosionan la vida cotidiana, y son las mujeres quienes, con su trabajo de cuidado y organización comunitaria, sostienen la vida en medio de la escasez.

La emigración redefine el mapa social y económico: muchas parten en busca de horizontes, mientras otras asumen la responsabilidad de sostener comunidades enteras. Este éxodo deja vacíos que impactan en la productividad, la cohesión social y la memoria colectiva.

Esta realidad no puede comprenderse sin reconocer el peso del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos. Durante décadas, este cerco ha limitado el acceso a recursos básicos, tecnologías y mercados, intensificando desigualdades de género. El bloqueo multiplica las tareas de las mujeres, que deben administrar la escasez y garantizar la supervivencia de los hogares. Aun así, el país mantiene servicios esenciales como pilares de dignidad y soberanía, gracias en gran medida a la capacidad femenina de organizar, resistir y crear alternativas.

El año que concluye ha estado atravesado por urgencias sociales. La política nacional se tensiona por la necesidad de reformas profundas, mientras la internacional sigue condicionada por intereses geoestratégicos que poco dialogan con las necesidades ciudadanas. Sin embargo, el gobierno ha sostenido su apuesta por la soberanía  y esa resistencia institucional se nutre también de la resistencia feminista, que visibiliza brechas y apuesta porque la equidad sea parte del proyecto nacional.

El 2025 deja hitos importantes: la evaluación del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, que reafirma la voluntad política de transformar desigualdades; el reconocimiento de que aún persisten brechas que deben atenderse; y la exposición internacional de los avances cubanos en foros parlamentarios. Estos pasos muestran que la agenda de las mujeres se consolida como parte esencial del proyecto nacional y que el 2026 debe ser un año de mayor protección, reconocimiento y protagonismo para ellas.

A estos desafíos se suman los impactos de fenómenos naturales que, año tras año, ponen a prueba la capacidad de respuesta del país. Huracanes, sequías y eventos extremos golpean comunidades enteras, y son las mujeres quienes lideran la reconstrucción, el cuidado y la defensa de la tierra. El ecofeminismo ofrece aquí una clave: vincular justicia ambiental y justicia de género, reconociendo que la resiliencia cubana tiene rostro femenino y comunitario.

El camino hacia 2026 exige reconocer la acción comunitaria como eje de la prevención de la violencia de género. La Federación de Mujeres Cubanas, junto a instituciones y redes locales, ha demostrado que la voluntad política se concreta en talleres, casas de orientación y servicios de acompañamiento que llegan a barrios y comunidades rurales. La prevención y la atención social son feminismo en práctica: políticas integrales que territorializan la equidad y convierten la protección en realidad palpable.

Este nuevo año se abre como un tiempo de definiciones. La sociedad cubana demanda que lo invisible —el cuidado, la ternura, la labor silenciosa de quienes sostienen la vida— sea más reconocido y valorado. La memoria histórica y la creatividad social son raíces de un proyecto nacional fundado en la solidaridad y en la unidad en la diversidad, y el feminismo ofrece el marco para que esa diversidad se convierta en fuerza transformadora.

Desde esta perspectiva, el nuevo año convoca al cumplimiento de las políticas contra las violencias, protocolos efectivos de protección y un reconocimiento real del trabajo de las mujeres productoras, trabajadoras y cuidadoras.

Las juventudes apuestan por espacios seguros y oportunidades de crecimiento, y una ruta feminista  para que niñas y adolescentes crezcan libres de violencias y con horizontes de liderazgo. No son tiempos  invisibilizar el aporte de las mujeres, sino de convertirlo en eje de transformación nacional.

Este 2026 caminará con conciencias despiertas que acompañen la voluntad política y un compromiso institucional que coloque la justicia, la equidad de género y la humanidad compartida en el centro. Solo así el esfuerzo de generaciones podrá dar fruto, y Cuba transitará de la resistencia a la construcción de un futuro  con las mujeres, el feminismo, la acción comunitaria y la resiliencia del pueblo como protagonistas de esa esperanza compartida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario