Por Marilys Zayas Shuman
Los datos del Anuario Estadístico 2025 de la CEPAL, revelan que, pese a avances en educación y salud, la autonomía económica sigue siendo la frontera más resistente para las mujeres de la región.
Con este artículo inauguramos Radiografías de la desigualdad, una serie que busca leer el presente latinoamericano desde los datos, pero también desde las vidas que esos datos representan. El Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2025 ofrece una imagen precisa y contundente: la desigualdad económica entre mujeres y hombres no solo persiste, sino que continúa estructurando el acceso al bienestar, al tiempo, a la seguridad y a la participación social. La autonomía económica —esa capacidad de generar ingresos propios, decidir sobre ellos y sostener un proyecto de vida sin dependencia— sigue siendo una deuda histórica.
El informe muestra que la participación laboral femenina continúa rezagada. Mientras 76,8% de los hombres de 15 años y más participa en la fuerza de trabajo, solo 51,8% de las mujeres lo hace. La brecha se amplía entre las más jóvenes: apenas 37% de las mujeres de 15 a 24 años está en el mercado laboral, frente al 55,5% de los hombres. Esta diferencia no es solo estadística: expresa barreras culturales, responsabilidades de cuidado no remunerado y un mercado laboral que sigue penalizando la maternidad y la vida doméstica.
La autonomía económica es la base de todas las demás autonomías. Sin ingresos propios, las mujeres tienen menos capacidad de decisión, menos movilidad, menos protección frente a la violencia y menos oportunidades de desarrollo. Esta primera radiografía confirma que la región necesita políticas integrales que reconozcan el valor económico del cuidado, promuevan empleos de calidad, reduzcan la informalidad y garanticen ingresos propios a lo largo del ciclo de vida. La igualdad sustantiva comienza por el derecho a vivir sin dependencia.




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