Por Marilys Suárez Moreno
Quemar por decisión propia lo que se ama: casa, pertenencias, recuerdos, todo lo que se ha construido con el trabajo, el esfuerzo propio y el amor de los padres, la familia toda, no es cosa que se vea como normal y consciente. No lo es, pero eso lo hizo un pueblo del Oriente cubano hace justamente 157 años.
¿Qué obligó a los habitantes de Bayamo, hoy Ciudad Monumento y por entonces una villa de apenas 10 mil habitantes, a tomar tamaña decisión? Incendiar, pegar fuego, hacer arder sus casas, el lugar donde nacieron y crecieron y amaban, al extremo de convertir su ciudad en cenizas.




