lunes, 14 de septiembre de 2026

Música, identidad y los muchos contornos de Caridad González Edwards




Por Yamylé Fernández Rodríguez

Fotos: Bárbara Suárez Ávalos y cortesía de la entrevistada 

La camagüeyana Caridad Misleydis González Edwards es de esas mujeres que ha sabido combinar vocación, profesión y destino con la virtud de servir a los demás y defender aquello que considera esencial: la cultura, la identidad y la memoria de su entorno, de los suyos.

Al rememorar su existencia se remonta a los años en que estuvo como alumna de la Enseñanza Artística :

“Siendo aún estudiante de la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero tuve el privilegio de formarme junto a maestros excepcionales como Emilia Díaz Chávez, cantante, directora de coros y fundadora del grupo vocal Desandann; Anaís Abreu, cantante y directora de coros, y Jorge Luis Betancourt Caballero, la persona que me enseñó a amar profundamente la música”, evoca. 


Desde los coros infantiles hasta los festivales estudiantiles, Caridad fue creciendo rodeada de experiencias que estimularon en ella una sensibilidad especial hacia el arte y el patrimonio cultural.

Luego vivió una nueva etapa en el Conservatorio Esteban Salas de Santiago de Cuba, donde se graduó en 1991 en la especialidad de Dirección de Conjuntos Musicales. 

“Fueron años intensos, exigentes y profundamente enriquecedores. Bajo la guía de prestigiosos profesores como Daniel Vistel, Daniel Guzmán y el maestro Feliú recibí una formación integral que abarcó no solo la música, sino también disciplinas como la psicología y otras ciencias que contribuyeron a moldear mi visión profesional”.

Como un reto memorable trascendió para Cary su graduación, pues le correspondió realizar arreglos musicales para la Jazz Band de Santiago de Cuba, dirigida por el maestro Osmundo Calzado y en su caso le asignaron dos obras emblemáticas de la música cubana: La engañadora, de Enrique Jorrín, y Son de la loma, de Miguel Matamoros. 

A partir de entonces ha desarrollado una extensa trayectoria profesional dentro del sistema de la cultura cubana, al que ha dedicado más de 35 años de trabajo ininterrumpidos en distintas instituciones donde se ha desempeñado como profesora, metodóloga, directora de coros y promotora cultural. 


Caridad sigue el viaje por su vida y le llegan melodías en voces infantiles al recordar su desempeño en los festivales Cantando al Sol allá en los inicios de los años 2000, cuando impulsó iniciativas que integraban a estudiantes de enseñanza artística y la educación general.

Allí coordinó coros de más de un centenar de niños y promovió oportunidades para que jóvenes talentos descubrieran su vocación. Muchos de aquellos discípulos son hoy músicos profesionales, arreglistas, compositores e integrantes de importantes agrupaciones cubanas.

 Para ella, sin embargo, el mayor reconocimiento no son los premios ni los cargos desempeñados: 

“Soy maestra, profesora, y amo mi profesión. Soy cubana porque sí y más allá de carencias, me encanta servir y entregar con la única expectativa de transmitir el conocimiento y que los demás lo multipliquen”, confiesa en una suerte de autodefinición. 

 “Tengo muchos alumnos que salieron muy exitosos y me estiman, me quieren, me respetan y hoy colaboran conmigo. No hay nada más divino que ir por la calle y que desde una bicicleta, un carro, a pie, o desde de una casa me digan profe cómo está, cómo se siente, le sigue gustando el café. O profe, mire usted, tengo dos hijos, soy un hombre serio, y hasta un par de chistes comparten conmigo, y eso es hermoso.

Uno de los capítulos más transformadores de la vida de esta camagüeyana fue su experiencia en la República Bolivariana de Venezuela. 


“En Venezuela fui parte del equipo metodológico nacional desde el 2009 y en los primeros dos años trabajamos en algo así como abriendo la misión. Impartimos clases en diferentes estados para la formación de activadores, que son los a los que en Cuba les decimos promotores culturales, y eso me obligó a aprender a tocar el cuatro venezolano, a conocer los diferentes tipos de grupos musicales en ese país y lo más importante de los lugares donde estaba, a conocer el tambor, y fue ese un momento cumbre para consolidar el compromiso con la salvaguarda del patrimonio inmaterial”.

Desde entonces, su labor ha estado orientada a proteger y promover la memoria cultural de su territorio en la centroriental provincia cubana de Camagüey. 

Justamente hace poco más de un año Caridad lidera el proyecto sociocultural y artístico Contornos de Identidad, Historia Legado y Resiliencia, en la capital agramontina, mediante el cual ha logrado unir voluntades en función de un propósito común:

“Creo que de lo más relevante que hemos hecho está el trabajo con el Himno Nacional, que es la obra más importante que tiene la cancionística en cualquier lugar del mundo, o sea, en cada país, y después está la labor socioeducativa con niños con necesidades educativas especiales. 

“Hasta ahora está la formación del coro con la filial provincial de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba junto a la Educación Especial y la enseñanza convencional y se suman los talleres relacionados con todo lo que nos identifica como cubanos. Este es un proyecto que luego de un año de su creación merece ampliarse.

“En esta hermosa familia de amigos cuento, además, con el apoyo incondicional de la Organización No Gubernamental Camaquito y de su fundador Mark Kuster.

“Le doy gracias a Dios, a todos mis amigos y a los espíritus que me acompañan -porque soy religiosa- para que avancen conmigo en esta idea tan hermosa”.

Todo ese ímpetu tiene sus raíces y sustento en una fuerte historia familiar y por eso insiste en mencionar a su mamá María Isabel Edwards Patterson y a sus abuelas Pastora Varona y Berelt Patterson Baker, mujeres afrodescendientes, humildes y decididas que enfrentaron desigualdades y sacrificios y se convirtieron en su brújula. 

De igual modo agradece a su padre Ignacio y a su esposa Eva Jiménez -otra madre para ella- así como a sus dos amores: su esposo Juan Enrique Carballo y su hijo Enrique Alejandro, quienes en su conjunto forman una muralla que la inspira y fortalece.

Es por eso que al preguntarle qué piensa sobre el empoderamiento femenino, la respuesta no se hace esperar:

“Siempre voy a valorar el empoderamiento femenino desde el acompañamiento. Aplaudo este empoderamiento de nosotras, las mujeres, pero creo que una mujer bien acompañada también hace cosas importantes. “He tenido la dicha de contar toda mi vida con alguien que ha colaborado siempre con todos mis sueños y mis ideas y después de tener mi hijo, pues mucho más, porque mi hijo también se suma a esa colaboración. 

No creo entonces poder hablar de un empoderamiento femenino sin el acompañamiento de mi pareja, de la persona que ha estado más de 30 años a mi lado. Creo que mis logros y mis desdichas han formado también parte de su historia de vida y a él, a mi esposo, le doy mi aplauso generoso por su apoyo y ayuda”.

Orgullosamente afrodescendiente, Cary celebra sus raíces en cada detalle de su cotidianidad: en sus trenzas cuando se las pone, en los colores de su ropa, en su manera espontánea de reír-alto como enfatiza- y en sus conversaciones matutinas acompañadas por una taza de café.

Más de tres décadas después de iniciarse en el mundo del arte y específicamente de la música, Caridad González Edwards sigue aportando desde la Dirección de Cultura en el municipio de Camagüey a la formación de nuevas generaciones convencida de que, como expresa el lema de su proyecto sociocultural, “desde nuestros contornos se puede seguir dibujando la silueta hermosa de nuestra identidad”.






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