Por Lauren Rodríguez Gutiérrez
Foto: Tomada de Naciones Unidas
Al hablar del tema, los términos "femicidio" y "feminicidio" suelen utilizarse como sinónimos. Sin embargo, detrás de cada una de estas palabras hay una definición conceptual que diferencia cómo se nombra, se investiga y se sanciona la forma más extrema de violencia contra las mujeres.
La Real Academia Española reconoce ambos términos como válidos para referirse al asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia. No obstante, la diferencia no radica solo en la palabra en sí, sino en la manera política y jurídica de verla.
¨Hay un cierto uso habitual cotidiano que asimila femicidio y feminicidio. Como absolutamente equivalentes, es más, hasta a veces en el orden jurídico, ambos términos pareciera que obedecen a la misma semántica. Pero hay una sutil diferencia, explicó la historiadora Dora Barrancos para el Diario Femenino.
En efecto, "femicidio" es una adaptación del inglés femicide, creado en 1801 para diferenciar el asesinato de una mujer del de un hombre. Más tarde, en 1976, la antropóloga Diana Russell lo empleó ante el Tribunal Internacional sobre Crímenes contra las Mujeres en Bruselas para visibilizar los asesinatos misóginos que quedaban ocultos bajo la categoría neutral de "homicidio".
Russell definió el femicidio como "el asesinato de mujeres por hombres, por ser mujeres", destacando no solo la misoginia, sino también el sexismo y el sentimiento de superioridad que motiva estos crímenes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) adopta esta perspectiva al definir el femicidio como "el asesinato intencional de una mujer por el hecho de ser mujer", aunque reconoce que las definiciones más amplias abarcan todo asesinato de una niña o una mujer.
Asimismo, advierte que la mayoría de estos crímenes son cometidos por parejas o exparejas. Además, implican abusos continuos en el hogar, amenazas, intimidación o violencia sexual.
Por su parte, la otra distinción surge en América Latina con la antropóloga mexicana Marcela Lagarde. Ella introdujo el término "feminicidio" para nombrar no solo el crimen misógino, sino también la impunidad estructural que lo rodea.
Para Lagarde, el femicidio se convierte en feminicidio cuando el Estado no garantiza condiciones de seguridad para las mujeres ni investiga ni sanciona adecuadamente estos hechos delictivos.
Según esta perspectiva, el feminicidio es un crimen de Estado en la medida en que la falta de investigación, la revictimización de las denunciantes y la complicidad institucional convierte a los perpetradores en agentes de una violencia tolerada por el sistema.
¨El termino feminicidio incluye al estado como protagonista, como generador de condiciones al sostener estas situaciones de vulnerabilidad que hacen posible el asesinato de una mujer¨, comentó la periodista Gabriela Barcaglioni.
La Encuesta de Violencia contra las Mujeres de ONU Mujeres coincide en esta lectura: el feminicidio es un "asesinato intencional con una motivación relacionada con el género" y se distingue del homicidio precisamente por ese motivo. La ONU reconoce que no existe una definición consensuada globalmente.
La diferencia entre femicidio y feminicidio no es un capricho. Tiene consecuencias concretas en la tipificación penal, en la recolección de datos y en las políticas públicas.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) reconoce ambas denominaciones y trabaja con la noción de "asesinato relacionado con el género" como categoría.
El organismo subraya que el feminicidio es la manifestación más extrema de la violencia de género y requiere respuestas legales, institucionales y de datos específicas.
En 2024, UNFPA coorganizó una reunión global de expertos sobre femicidio junto con ONU Mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), con el objetivo de mejorar la identificación y el registro de estos crímenes.
Según el informe de UNODC y ONU Mujeres, en 2023 unas 50.000 mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas o familiares en todo el mundo. Por tanto, en promedio, 137 mujeres o niñas son asesinadas cada día por alguien de su propio entorno familiar.
Las parejas actuales o anteriores representan el 60 % de todos los homicidios de mujeres relacionados con la pareja y la familia.
Estos números revelan que el femicidio y el feminicidio no son casos aislados, sino fenómenos estructurales que atraviesan todas las clases sociales, todas las regiones y todos los sistemas políticos. Nombrar correctamente estos hechos no es un ejercicio lingüístico.
Cuando hablamos de femicidio, nombramos un crimen de odio, además, la impunidad que sostiene los actos. Aun así, ambas denominaciones son necesarias puesto que las dos representan ambas caras de una misma realidad.
La distinción entre femicidio y feminicidio es una invitación a mirar más allá del hecho violento y a preguntarnos por las condiciones que lo hacen posible. Por ejemplo, la desigualdad de género, la misoginia cultural y la impunidad institucional.
Como señala la OMS, el femicidio es la punta del iceberg de una serie de violencias que comienzan mucho antes del asesinato.
Nombrar el delito con precisión es el primer paso para exigir justicia. Y la justicia, en este caso, no es solo para las víctimas directas, sino para una sociedad que sigue debiendo a las mujeres el derecho más básico de un ser humano, el de vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario