Por Marilys Zayas Shuman
El 23 de agosto, tras concluir el acto central por el 66 aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), un gesto entrañable volvió a repetirse en Pinar del Río: la entrega de la canastilla a la primera niña nacida en la jornada.
La complicidad de los pasos condujo a las federadas hasta el Hospital General Abel Santamaría, donde la vida había florecido pasada la medianoche. Allí conocieron a Paola, que dormía tranquila, ajena al bullicio de la celebración, mientras su madre —una joven estomatóloga recién graduada— descansaba de la larga jornada que la maternidad inaugura.
La canastilla fue entregada por manos de la secretaria general de la FMC, Teresa Amarelle Boué, acompañada por Yamilé Ramos Cordero, secretaria del PCC en la occidental provincia y por la secretaria de la organización femenina en Pinar del Río.
El gesto, sencillo y profundo, se convirtió en símbolo de continuidad: la FMC enlaza su historia con la vida que comienza.
La madre agradeció con palabras breves, mientras la abuela, con mirada tierna, revisaba cada detalle, como quien se alivia al ver cuánto más podrá acompañar la vida de Paola en medio de las carencias cotidianas.
Pero la solidaridad no se detuvo ahí. Con parte de lo recogido para la canastilla, también se beneficiaron otras madres que habían dado a luz ese mismo 23 de agosto y algunas que llevaban más de 24 horas en el recinto hospitalario, ampliando el alcance del gesto y multiplicando la ternura compartida.
La canastilla fue especialmente donada por la Federación de Asociaciones de Cubanos Residentes en España (FACRE), la cual decidió acompañar este proceso como muestra de compromiso comunitario, contó además con el aporte de federadas, organismos y entidades pinareñas.
Este fue un recordatorio de que la ternura también es resistencia, y de que la FMC sigue siendo puente entre generaciones, sostén en los momentos más vulnerables y voz que reafirma que la vida merece ser celebrada desde su primer instante.




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