martes, 1 de septiembre de 2026

“Pórtate bien y respeta a la maestra”




Por Aime Sosa Pompa

Se despierta aún a oscuras y sabe con mucha certeza que es el primer día de septiembre, increíblemente, se fue el verano vacacional, ni se sabe a dónde. Comparte con la vecina el polvo del café madrugador y deja a la brisa la condición del despertar, porque está muy cansada de abanicar hasta al gato pues todavía se acumulan más de 40 horas sin electricidad. 

Y cuando la claridad toca de un leve azul el cielo más allá de las plantas con humos invisibles de los balcones de enfrente, los ve pasar: en grupo de 3, después 5, y hasta 9; faldas o pantalones azules, arriba algo blanco... ¿Secundaria Básica o Pre-Universitario? Ya ni sabe, pero van sorprendentemente en silencio. 

Entonces escucha una voz bastante dulce decirle a la niña con uniforme rojiblanco en la acera: “Pórtate bien y respeta a la maestra”.

Cada 1ro de septiembre en Cuba hay puertas abiertas en escuelas, centros e institutos, como parte de un nuevo curso docente. Y esta vez se mantuvo la tradición, contra los vientos fuertes de las sobrevivencias y las mareas duras de las crisis, que se vive en todo este archipiélago. 

La prima tuvo que planchar las camisas dos semanas antes, la abuela o la señora del batey de arriba pudo retocar algunos uniformes, zapatos usados y otros que sobraron de una ida esperada o sorpresiva pasaron a ser herencias, no sé quién llevó esas libretas al pueblo y así mismo hubo que comprarlas, ni qué decir de las mochilas o los bolsos que se pegarán a las espaldas o los hombros casi llenos de esperanzas e inventos para comer algo...

No basta la imaginación para pensar cómo aprenderán, repasarán y aprobarán -para bien de las buenas intenciones y enseñanzas- las miles de personitas y personas, que ingresarán en cada sitio donde se haga realidad la palabra docencia.

Algunas familias saben dónde quedarán las diferencias y otras, sin temer a las palabras casi gastadas de retos y desafíos, defenderán el derecho vital al aprendizaje y el conocimiento en las edades tempranas, en las aulas que ya no se parecen a las que dejaron más de dos meses atrás. 

Ya se resolverán las oquedades, quizás como antes, cuando las repasadoras de antaño (casi siempre mujeres, jubiladas, y dispuestas sin cansancios) eran exigentes para que los conocimientos no se quedaran mal prendidos con alfileres o con puntadas flojas dadas sin mirar.Ahora será otro el coser, y el cantar. Son otros tiempos. Curso 2026-2027. Así comienza.

Volverán las tareas diarias a jugarle cabezas a las pantallas de los celulares. Pelearán las faltas de ortografía con el sentido común de las caligrafías en cuadernos y las lecturas en voz alta competirán con los sonidos callejeros del vendedor de turno.

Querrán algunos remolones seguir mirando al techo de zinc porque tienen que caminar varios kilómetros bajo un sol que anuncia sudor y cruzar varios pasos de río sin mojarse las medias por ser únicas.

O la nueva maestra de varios grados se aparecerá con ojeras de tanto estudiar varios programas que debe dar a sus pocos estudiantes en ese lomerío del Plan Turquino.

No se sabe cómo sera ese día cuando comience a llover y no se tenga ni un invento de naylon para tapar las pocas libretas con dos o más asignaturas apretadas de tanto apuntar. 

Es posible que alguien pregunte en esta primera semana por quienes no han regresado a la escuela y aún están en sus casas, bajo decisiones de sus allegados familiares, y después las ausencias se harán menos latentes.

Pero lo mejor es que cada día, en todo este archipiélago, a la entrada o a la salida de las escuelas, se escuchará a alguien decir:“Pórtate bien y respeta a la maestra”.


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