jueves, 5 de noviembre de 2026

Cuidar sin dejar a nadie atrás





Por Lisandra Chaveco

Hay mujeres que organizan su vida alrededor de los cuidados y apenas encuentran tiempo para sí mismas. Madres que postergan proyectos profesionales, cuidadoras que envejecen sin suficientes apoyos y familias que enfrentan barreras económicas, territoriales y sociales para acceder a servicios. También hay personas con discapacidad cuyas posibilidades de estudiar, trabajar, participar y decidir dependen de que existan apoyos adecuados y accesibles.

¿Cómo transformar esta realidad sin dejar a nadie atrás? En Cuba, el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida y la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados abren nuevas posibilidades para responder a una pregunta que es, al mismo tiempo, social, económica y feminista.

Una política de cuidados que reconoce las desigualdades

El Decreto 109/2024 institucionalizó el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, con el propósito de articular políticas, programas y actores sociales y económicos, y avanzar hacia una distribución más equitativa de los cuidados. La norma reconoce tanto los derechos de quienes necesitan apoyos como los de quienes los proporcionan. 

Uno de sus aportes más relevantes es incorporar expresamente los enfoques de género, derechos, curso de vida e interseccionalidad, entendida como el reconocimiento de desigualdades que se entrecruzan por factores como el sexo, la identidad de género, el color de la piel, la discapacidad, la edad y el territorio. 

Esta perspectiva permite comprender que ser mujer cuidadora no representa una experiencia única. Una madre cuidadora de una persona con discapacidad intelectual puede afrontar barreras diferentes de las que enfrenta una mujer mayor que cuida a su pareja, una trabajadora por cuenta propia que no dispone de servicios de apoyo o una cuidadora residente en una comunidad rural.

Las desigualdades también atraviesan a quienes reciben cuidados. La discapacidad, por sí misma, no elimina la autonomía; son también las barreras físicas, comunicacionales, económicas y actitudinales las que restringen la participación y el ejercicio de derechos.

Por eso, la equidad no consiste en ofrecer a todas las personas exactamente lo mismo, sino en garantizar los apoyos que cada una necesita para vivir con dignidad y desarrollar su proyecto de vida.

Conectar apoyos, personas y oportunidades

Una política nacional necesita hacerse realidad en los lugares donde transcurre la vida cotidiana: el barrio, la comunidad, los servicios públicos y los hogares. 

En ese nivel, las redes de cuidados pueden contribuir a conectar instituciones, organizaciones sociales, familias, personas cuidadoras y personas con discapacidad, para identificar necesidades, coordinar respuestas y evitar que cada familia tenga que resolverlo todo por su cuenta.

La experiencia cubana ofrece una base para avanzar en esa dirección. Guanabacoa y Jaruco funcionaron como territorios pioneros en la validación de herramientas del Sistema. Según el balance publicado por el UNFPA en marzo de 2026, durante 2025 la metodología se extendió a todos los municipios del país, con capacitación de equipos técnicos provinciales y del municipio especial Isla de la Juventud. 

Desde un enfoque interseccional, el valor de estas redes está en reconocer que las necesidades de cuidados no pueden diagnosticarse únicamente desde los servicios: también deben escucharse las voces de quienes cuidan y de quienes reciben cuidados.

Esto supone identificar barreras concretas: dificultades de transporte, servicios distantes, falta de accesibilidad, escasez de apoyos para el descanso de las cuidadoras, limitaciones para incorporarse al empleo o ausencia de espacios inclusivos de participación.

También implica reconocer los recursos que ya existen en las comunidades, desde organizaciones de personas con discapacidad hasta iniciativas de formación, emprendimiento y apoyo mutuo.

Una red que funciona no sustituye las responsabilidades del Estado ni descarga nuevas obligaciones sobre las mujeres. Articula respuestas para que el cuidado deje de depender exclusivamente de la capacidad de sacrificio de una familia.

Corresponsabilidad para cuidar y también para vivir

El desafío de fondo es cultural: transformar la idea de que cuidar constituye una obligación femenina y promover una distribución más justa del tiempo, las responsabilidades y los recursos.

El Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida contempla componentes de servicios, formación y capacitación, regulación, información y conocimiento público, y comunicación. Su implementación cuenta, además, con un plan para el período 2026-2030, dirigido a consolidar las acciones nacionales y territoriales. 

Para las mujeres cuidadoras, avanzar significa disponer de oportunidades reales de formación, empleo, participación social, descanso y autonomía económica. Para las personas con discapacidad, significa acceder a apoyos adecuados sin perder el derecho a decidir sobre sus vidas.

Y para las comunidades, supone aprender a identificar y desmontar otras desigualdades: las que afectan especialmente a las mujeres con bajos ingresos, a las personas mayores, a quienes viven en territorios con menor disponibilidad de servicios y a quienes experimentan discriminación por motivos de género, discapacidad o color de la piel.

La corresponsabilidad requiere, además, involucrar a los hombres en las tareas cotidianas, fortalecer los servicios públicos y comunitarios y reconocer que las personas cuidadoras también necesitan cuidados.

Las redes comunitarias pueden ser decisivas para lograrlo, siempre que escuchen a las personas, reconozcan las desigualdades y conecten necesidades con respuestas efectivas.

Porque una mujer cuidadora no debería tener que elegir entre acompañar a quien ama y construir su propio futuro. Y una persona con discapacidad no debería depender de la disponibilidad o el sacrificio de un familiar para ejercer sus derechos.

Una sociedad que cuida con justicia no pide más sacrificios a quienes ya sostienen la vida: distribuye las responsabilidades, elimina barreras y garantiza que todas las personas puedan cuidar, recibir cuidados y vivir con autonomía y dignidad.


Bibliografía:

República de Cuba (2024). Decreto 109, Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida. Gaceta Oficial de la República de Cuba, n.º 99, 15 de octubre de 2024. La norma incorpora los enfoques de género, derechos, curso de vida e interseccionalidad. 

UNFPA Cuba (2026). Cuba: Un paso histórico hacia el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida. Balance del proceso de implementación 2023-2025 y perspectivas del plan 2026-2030. 

CEPAL. El derecho al cuidado en América Latina y el Caribe: avances normativos. Análisis regional del reconocimiento del cuidado como derecho y de la necesidad de una organización social corresponsable. 

República de Cuba (2022). Ley 156, Código de las Familias. Marco jurídico sobre corresponsabilidad familiar, autonomía, derechos y sistemas de apoyo.


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