sábado, 10 de octubre de 2026

Clarinada en La Demajagua





Por Marilys Suárez Moreno

Aquel sábado 10 de octubre de 1868 el dueño del ingenio La Demajagua, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, convocó a los campesinos y hacendados de la zona y los llamó a la insurrección al grito de ¡Independencia o Muerte!.

Y al darles la libertad a sus esclavos, los instó también a luchar por su emancipación. Así, junto a la bandera de la independencia izaba la de la justicia social que, tenía que partir de la abolición de la esclavitud.

El alzamiento en su ingenio La Demajagua inicia en la historia nacional el empleo de la vía armada como forma de lucha independentista. 

Tras alzarse en guerra contra la Metrópoli española, Cuba dio un paso hacia  su primera y mayor gesta emancipadora. 

Se dice que aquel día era el cumpleaños de la Reina Isabel Segunda, pero en Cuba, la fecha tenía otra connotación. Tras la frustración de otros intentos revolucionarios y con conocimiento de que el Capitán General de la Isla había dispuesto la detención de los gestores complotados, el abogado bayamés adelantó el alzamiento y apoyado por los tuneros, determinó el inicio de la guerra para el 10 de octubre.

Comenzaba así la Guerra de los Diez Años. El insigne patriota cubano no solo desafió a la Corona española con su declaración de guerra, sino que hizo partícipes a sus esclavos de aquella contienda. 

De España no podemos esperar nada y Cuba debe ser tan libre en lo político como lo es en naturaleza”, escribió en el Manifiesto del 10 de octubre, que el mismo redactara y alzó a Cuba en armas. 

El estallido y el rápido avance de la insurrección por los territorios de Oriente, Camagüey y Las Villas, con su inevitable repercusión en La Habana, llevaron la guerra a todo el país. Aquella acción de dignidad y rebeldía se insertó con letras de gloria en la historia cubana.

Para él, los objetivos de la lucha emprendida estaban muy claros y los resumía en pocas palabras: Constituir en Cuba una nación independiente, porque así cumple a la grandeza de su futuro destino y para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos.

La independencia, en su opinión, se conquistaba con el machete y las balas. Pero cuánto dolor hubo de soportar aquel hombre íntegro, marcado por los desgarramientos, intrigas, humillaciones y hasta el destierro en su propia patria.

Dio el ejemplo sacrificando fortuna, hijos, familia. Así asumió su destino quien había hecho todo por la emancipación de Cuba, señalando oportunos andares. “He hecho lo que debía hacer”, dijo quien ofreciera su viril ejemplo en La Demajagua. 








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