Por Lisandra Chaveco
En 2024, las Américas vivieron la mayor epidemia de dengue registrada desde que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) comenzó a recopilar datos en 1980: 13,06 millones de casos y más de 8.400 muertes. En 2025, los casos notificados descendieron a 4,46 millones, con 2.207 fallecimientos. Sin embargo, la disminución no significó el fin de la amenaza. El Caribe registró un incremento del 7 % de los casos respecto al año anterior, y los cuatro serotipos del virus circularon simultáneamente en la región.
La tendencia continuó a la baja durante buena parte de 2026. Según la actualización epidemiológica de la OPS del 9 de octubre, hasta la semana epidemiológica 37 se habían notificado 1.724.675 casos sospechosos en las Américas.
Esta cifra representaba una reducción del 56 % respecto al mismo período de 2025. Aunque el descenso es significativo, la circulación del virus y la posibilidad de brotes mantienen vigente la necesidad de prevención y vigilancia.
El dengue es una infección viral transmitida principalmente por mosquitos Aedes aegypti. Puede provocar fiebre alta, dolor de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas y erupciones cutáneas.
En determinados casos, evoluciona hacia formas graves caracterizadas por hemorragias, acumulación de líquidos, choque circulatorio o afectación de órganos.
Pero las cifras cuentan solo una parte de la historia. Detrás de cada diagnóstico hay personas que necesitan atención, familias que reorganizan sus rutinas y, con frecuencia, mujeres que asumen buena parte de las tareas de cuidado.
Cuando enferman las infancias: síntomas que no siempre saben expresar
En bebés, niñas y niños pequeños, el dengue requiere especial atención. La fiebre, el malestar y la pérdida de líquidos pueden provocar deshidratación, mientras que los más pequeños no siempre logran explicar dónde les duele o cómo se sienten.
En ocasiones, las señales aparecen en el comportamiento: un bebé que rechaza el pecho o el biberón, un niño que deja de jugar, una niña inusualmente irritable o un pequeño que permanece demasiado dormido pueden estar manifestando un deterioro que merece valoración médica.
La OPS señala que la fiebre elevada puede asociarse a complicaciones neurológicas y convulsiones febriles en niños/as pequeños/as. Además, con menores de dos años de edad se considera un grupo que necesita una valoración clínica especialmente cuidadosa.
¿Qué debe observar la familia?
- Si el infante bebe líquidos y los tolera.
- Si orina con una frecuencia similar a la habitual o disminuye claramente la cantidad.
- Si permanece alerta, responde cuando se le habla y mantiene algún interés por su entorno.
- Si aparecen dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado o somnolencia inusual.
- Si presenta respiración rápida o dificultad para respirar, manos y pies fríos o palidez marcada.
- En los bebés, también es importante vigilar el rechazo persistente de las tomas, el llanto inconsolable y la disminución de la respuesta a los estímulos.
No se trata de interpretar cada cambio como una complicación, sino de reconocer cuándo un síntoma deja de ser parte del malestar esperable y requiere atención inmediata.
Personas mayores: el dengue sobre un organismo que puede tener otras batallas
Envejecer no significa necesariamente enfermar más gravemente, pero las personas mayores pueden enfrentar riesgos adicionales cuando contraen dengue.
La hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades renales y cardiovasculares, entre otras condiciones crónicas, pueden complicar la evolución y el tratamiento. También pueden aumentar la vulnerabilidad, la fragilidad, la movilidad reducida, las dificultades para alimentarse o beber y la necesidad de tomar medicamentos de forma habitual. Por ello, la OPS incluye a las personas mayores entre los grupos que requieren especial consideración clínica.
En esta población, el desafío no consiste únicamente en identificar la fiebre. Una persona mayor puede experimentar debilidad intensa, pérdida del apetito, somnolencia o confusión, manifestaciones que la familia podría atribuir erróneamente a la edad o al cansancio.
También merece atención la disminución de la orina, el mareo al incorporarse o la incapacidad para realizar actividades cotidianas que antes podía llevar a cabo sin ayuda.
La deshidratación es especialmente preocupante cuando existen enfermedades renales o cardiovasculares. Además, hidratar no significa administrar líquidos sin medida: en personas con insuficiencia cardíaca o renal, el volumen y el tipo de líquidos deben ajustarse a las indicaciones médicas.
Otro aspecto importante es la medicación habitual. Algunos tratamientos pueden requerir revisión durante la enfermedad, especialmente si hay riesgo de sangrado, deshidratación o alteraciones de la función renal. No deben suspenderse ni modificarse por cuenta propia: corresponde al personal sanitario evaluar cada caso.
Cuando baja la fiebre, no hay que bajar la guardia
Uno de los mensajes más importantes de la OPS es que la disminución de la temperatura no siempre anuncia una recuperación segura.
La fase crítica puede comenzar cuando la fiebre desaparece, generalmente entre el tercer y el séptimo día desde el inicio de los síntomas. En ese momento, algunos pacientes desarrollan un aumento de la permeabilidad de los vasos sanguíneos que permite la salida de plasma hacia otros tejidos. Esto puede ocasionar una caída del volumen circulante, choque y dificultades respiratorias.
Esta fase crítica suele durar entre 24 y 48 horas, aunque la evolución varía entre pacientes. Por eso, el seguimiento clínico debe mantenerse incluso cuando la persona parece sentirse mejor.
¿Cuándo acudir inmediatamente a un servicio de urgencias?
Ante la sospecha de dengue, no esperes a que aparezcan todos los síntomas. Busca atención médica inmediata si se presenta cualquiera de estas señales:
- Dolor abdominal intenso y persistente.
- Vómitos persistentes, especialmente si impiden beber líquidos.
- Sangrado de encías o nariz, sangre en el vómito o las heces, o sangrado vaginal anormal.
- Somnolencia excesiva, confusión, desmayo, irritabilidad inusual o dificultad para despertar a la persona.
- Respiración rápida o dificultad respiratoria.
- Piel pálida, fría o húmeda, debilidad extrema o sensación de desvanecimiento.
- Disminución marcada de la orina o incapacidad para mantener una hidratación adecuada.
La aparición de estas señales exige valoración urgente, aunque la fiebre haya desaparecido. No se debe esperar al siguiente control ni a los resultados de un análisis de sangre para buscar ayuda.
El cuidado domiciliario puede ser adecuado en determinados casos de dengue sin signos de alarma, siempre que exista orientación sanitaria y seguimiento. Pero no debe convertirse en una carga silenciosa para una sola persona ni sustituir la atención profesional cuando aparecen complicaciones.
Algunas medidas fundamentales son:
1. Mantener una hidratación adecuada. Ofrecer líquidos en cantidades pequeñas y frecuentes, según la tolerancia y las indicaciones médicas.
Las soluciones de rehidratación oral pueden ser útiles. En bebés, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas, el plan debe individualizarse.
2. Evitar la automedicación. No utilizar aspirina ni antiinflamatorios como ibuprofeno o naproxeno, porque pueden aumentar el riesgo de sangrado. Para controlar la fiebre, el paracetamol puede ser una opción si el personal sanitario lo considera apropiado y establece la dosis. Evitar medicamentos sin consultar, especialmente en menores.
3. Registrar los cambios. Anotar la temperatura, la ingesta de líquidos, la frecuencia de la orina, los vómitos y cualquier síntoma nuevo ayuda a comunicar la evolución al personal sanitario.
4. Proteger a la persona enferma de nuevas picaduras. Utilizar mosquiteros y repelentes adecuados para la edad, siguiendo las instrucciones del producto, ayuda a reducir la transmisión del virus a otros mosquitos y, con ello, a otras personas.
5. Organizar una red de apoyo. Distribuir las tareas de alimentación, limpieza, acompañamiento y vigilancia permite que quien cuida también descanse. El agotamiento de la persona cuidadora no debe normalizarse.
La OPS insiste en evitar la aspirina y la automedicación, mantener una hidratación apropiada y acudir a los servicios de salud ante cualquier signo de alarma.
Cuidar también es prevenir
Eliminar los recipientes que acumulan agua, tapar los depósitos, limpiar los patios y protegerse de las picaduras son medidas importantes para reducir los criaderos de mosquitos.
Estas acciones necesitan el compromiso de las familias, pero también políticas públicas sostenidas de saneamiento, vigilancia epidemiológica y control vectorial.
El dengue nos recuerda que la salud individual está vinculada con las condiciones de vivienda, el acceso al agua, los servicios comunitarios y la organización social de los cuidados.
La fiebre puede bajar en unas horas; la vigilancia, sin embargo, debe continuar. Reconocer las señales de alarma, prestar especial atención a quienes tienen mayor vulnerabilidad y compartir las responsabilidades de cuidado puede marcar la diferencia entre una recuperación sin complicaciones y una emergencia.
Porque cuidar la salud no es una tarea exclusiva de las mujeres ni una obligación que deba resolverse en soledad: es una responsabilidad colectiva.
Fuentes consultadas:
1. Organización Panamericana de la Salud (OPS). Situación epidemiológica del dengue en las Américas, semana epidemiológica 37 de 2026. Actualización del 9 de octubre de 2026. [Informe epidemiológico de la OPS](https://proxy.goincop1.workers.dev/https/www.paho.org/en/documents/dengue-epidemiological-situation-region-americas-epidemiological-week-37-2026?utm_source=chatgpt.com)
2. Organización Panamericana de la Salud (OPS). La OPS actualiza la situación del dengue en las Américas y recomienda reforzar la vigilancia y la preparación de los servicios de salud. 20 de febrero de 2026. [Informe regional de dengue de 2025 y actualización de 2026](https://www.paho.org/es/noticias/20-2-2026-ops-actualiza-situacion-dengue-americas-recomienda-reforzar-vigilancia?utm_source=chatgpt.com)
3. Organización Panamericana de la Salud (OPS). Dengue: síntomas, prevención y tratamientos. Información clínica sobre las fases de la enfermedad, las complicaciones y las medidas de prevención. [Información oficial sobre el dengue](https://www.paho.org/es/temas/dengue?utm_source=chatgpt.com)
4. Organización Panamericana de la Salud (OPS). Directrices para el diagnóstico clínico y el tratamiento del dengue, el chikunguña y el zika. 2022. Guía basada en evidencia para la atención de pacientes pediátricos, adultos y personas mayores. [Directrices clínicas de la OPS](https://www.paho.org/es/documentos/directrices-para-diagnostico-clinico-tratamiento-dengue-chikunguna-zika-ops-2022?utm_source=chatgpt.com)
5. Organización Panamericana de la Salud (OPS). Los signos de alarma para reducir la mortalidad por dengue. Información sobre la importancia de la detección oportuna y la atención clínica. [Artículo sobre los signos de alarma del dengue](https://www.paho.org/es/historias/signos-alarma-para-reducir-mortalidad-por-dengue?utm_source=chatgpt.com)

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