Por Marilys Zayas Shuman
Hay ideas que nacen en medio de la oscuridad y, sin embargo, tienen la capacidad de encender muchas luces.
Esta historia comenzó durante una de esas noches de apagón que se han vuelto parte de nuestra cotidianidad en Cuba. En medio de la oscuridad, una conversación entre mujeres.
De esas mujeres que se multiplican, que tejen alianzas, que convierten las preocupaciones en sueños compartidos y no esperan a que las circunstancias sean favorables para comenzar a cambiar las cosas.
En algún momento, la conversación llegó hasta la Editorial de la Mujer. ¿Qué necesitábamos? ¿Cómo podían ayudarnos? ¿Qué hacer para que las dificultades energéticas no detuvieran nuestro trabajo, nuestros proyectos y, sobre todo, nuestra posibilidad de seguir acompañando a las mujeres allí donde viven, estudian, trabajan y construyen sus sueños?
De aquella conversación nació una idea hermosa: impulsar desde Uruguay una campaña solidaria para acompañar a la Editorial de la Mujer, sus medios y su colectivo.
Lo que sucedió después demuestra cuánto puede lograr la voluntad cuando se encuentra con la solidaridad.
Apenas habían transcurrido unas semanas desde que aquel sueño comenzó a tomar forma y la iniciativa ya se había convertido en realidad. La campaña movilizó voluntades, tendió puentes y encontró manos dispuestas a contribuir.
Hoy, desde Cuba, el colectivo de la Editorial de la Mujer agradece profundamente a Mate Amargo, El Popular y Libertadoras Antifascistas.uy, de la REDH y la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), por hacer posible la donación de una estación de energía EcoFlow.
Para nosotras, este equipo representa mucho más que una solución ante las dificultades energéticas. Significa contar con mejores condiciones para producir nuestros contenidos, grabar nuestros podcasts, desarrollar proyectos audiovisuales y mantener en movimiento los espacios de comunicación feminista que hemos construido con tanto esfuerzo.
Pero hay algo que nos ilusiona especialmente: esta energía también nos acompañará fuera de la Editorial, en las comunidades donde nuestro trabajo cobra sentido.
Porque la Editorial de la Mujer no es solamente una casa donde se escriben, editan y publican historias. Es también un colectivo que sale al encuentro de las personas, que organiza talleres, promueve conversaciones, escucha experiencias y construye aprendizajes compartidos.
Es una Editorial que quiere estar allí donde las mujeres defienden sus derechos, donde las y los adolescentes necesitan espacios para preguntar y aprender, donde las familias pueden encontrar herramientas para construir relaciones más equitativas y donde una conversación puede abrir nuevos caminos.
Nuestros proyectos comunitarios necesitan esa cercanía, ese contacto directo, esa posibilidad de reunirnos y crear junto a la gente.
Necesitan llegar a los barrios, organizar encuentros con jóvenes y adolescentes, realizar actividades educativas, compartir conocimientos y acompañar procesos que contribuyan a una sociedad más justa, igualitaria y libre de violencias.
Por eso, esta estación de energía también nos permitirá sostener, en mejores condiciones, talleres, encuentros y otras iniciativas que forman parte de nuestro compromiso social.
Allí donde las dificultades amenacen con interrumpir una actividad, tendremos una posibilidad más para continuar. Allí donde un grupo espere por un encuentro, por una conversación o por una experiencia de aprendizaje, podremos contar con un recurso que nos ayude a hacerlo realidad.
La energía del equipo se sumará a la nuestra: a las horas de preparación, al trabajo de periodistas, editoras, realizadoras y especialistas, a la creatividad de quienes inventan nuevas maneras de comunicar y a las ganas de seguir acompañando a las mujeres cubanas.
La Editorial de la Mujer forma parte de la historia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Sus publicaciones han acompañado durante décadas las luchas, conquistas y desafíos de las mujeres de nuestro país.
Hoy, cuando las circunstancias nos exigen reinventar maneras de producir, comunicar y encontrarnos, seguimos buscando caminos para defender derechos, educar, sensibilizar y construir una comunicación feminista, inclusiva y comprometida con la transformación social.
Por eso, sería injusto medir este aporte solamente por su valor material. Lo que llega hasta nosotras es también la certeza de que, a la distancia, hay personas, medios y organizaciones que reconocen la importancia de nuestro trabajo y deciden acompañarlo.
Gracias a quienes imaginaron la campaña, a quienes la impulsaron desde Uruguay, a quienes se sumaron e hicieron posible que aquel sueño llegara hasta Cuba en forma de un equipo que ya tiene un lugar en nuestros proyectos y en nuestros planes de futuro.
A veces, la solidaridad comienza con una pregunta sencilla. Crece en una conversación, encuentra voluntades y termina transformándose en una ayuda concreta. Esta vez, una conversación en plena oscuridad nos recordó que la distancia no impide construir alianzas y que las dificultades no tienen la última palabra cuando hay mujeres dispuestas a compartir su energía.
Gracias a Mate Amargo, El Popular y Libertadoras Antifascistas.uy, de la REDH y la FDIM, por ayudarnos a mantener encendidas nuestras voces y por contribuir a que nuestra energía llegue también a las comunidades.
Porque la energía que hoy recibimos no se quedará entre nuestras paredes. Saldrá con nosotras al encuentro de otras mujeres, de muchachas y muchachos, de familias y comunidades enteras.
Y allí, en cada taller, en cada encuentro y en cada proyecto compartido, seguirá multiplicándose: el Colectivo de la Editorial de la Mujer de Cuba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario