lunes, 7 de septiembre de 2026

Bloqueo: el castigo silencioso que golpea la vida cotidiana de las familias cubanas





Por Isel Quintana Freyre

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, presentó hoy ante la prensa nacional y extranjera acreditada en La Habana, el informe sobre el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba. 

Las cifras estremecen: 8 mil 083 millones de dólares en pérdidas solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, una cifra récord que supera en un siete por ciento la del período anterior. Pero detrás de cada número hay un rostro, una familia, una historia de resistencia cotidiana que la Editorial de la Mujer no puede dejar de contar.

El canciller cubano lo dijo con una claridad que desmonta cualquier manipulación: el bloqueo no es una medida contra un gobierno, es un acto de castigo colectivo. 

Se expresa en los meses viviendo con apenas dos o tres horas diarias de electricidad, en los alimentos que se echan a perder, en el calor que no deja dormir, en los padres abanicando a sus bebés, en las niñas y los niños haciendo sus tareas en la penumbra, en los jóvenes sin conectividad ni recreación, en los abuelos y abuelas sin televisión ni radio. Toda la vida familiar está dañada.

Detrás de esa descripción están las madres cubanas, que reorganizan la vida entera alrededor de un apagón. 

Son ellas quienes madrugan antes que el sol para lavar, cocinar y dejar la casa lista antes de que se vaya la electricidad. Son ellas quienes caminan largas distancias para llegar al trabajo, con el cansancio a cuestas y la preocupación por los hijos a flor de piel. 

El bloqueo es, también, una violencia de género silenciosa: multiplica la carga de cuidados, agota los cuerpos y roba tiempo para el descanso y el desarrollo personal.

Uno de los pasajes más dolorosos del informe es el aumento de la mortalidad infantil de 4 por cada mil nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025.

"Son niños, no son números", enfatizó el canciller. Son muertes que no deberían ocurrir por privar a Cuba de los recursos legítimos para sostener su sistema de salud.

"El cerco energético castiga a los recién nacidos que dependen de una incubadora", comentó Bruno Rodríguez Parrila en la conferencia de prensa. 

"Cuando falla el grupo electrógeno del hospital, los médicos deben suplir la ventilación asistida con técnicas manuales. Han ocurrido hechos dramáticos: cirugías mayores terminadas con lámparas recargables o, incluso, con la luz de los teléfonos móviles del personal médico". 

Las mujeres embarazadas, las madres con hijos enfermos, los adultos mayores que requieren atención: todos sufren las consecuencias de un sistema de salud heroicamente resistente, pero asediado".

El canciller denunció que más de 7 mil contenedores con alimentos, medicinas y dispositivos médicos están detenidos por la amenaza del gobierno estadounidense a las navieras. 

"La mayor parte de esas cargas han sido contratadas por pequeñas y medianas compañías privadas cubanas", precisó. Y la cruel paradoja es que son, precisamente, los insumos que podrían salvar vidas".

Las semanas sin abasto de agua son otra herida abierta. Las fuentes de abasto funcionan con motores eléctricos que se apagan durante los apagones y recuperar la presión toma horas. 

Los grupos electrógenos dependen de combustible que no dejan importar. Las mujeres, otra vez, cargan con lo más pesado: acarrear agua, bañar a los niños, lavar la ropa a mano, mantener la higiene del hogar.

Aun así, Cuba ha logrado la hazaña de iniciar el actual curso escolar con garantías de universalidad, equidad y calidad. 

Se asegura el financiamiento para la educación especial de niños y jóvenes en situación de discapacidad. Cada oportunidad educativa es, para una familia, la posibilidad de que su hija o hijo aprenda, se comunique y participe.

Los daños acumulados por el bloqueo ascienden a 178 mil 700 millones de dólares a precios corrientes. Sin embargo, el canciller fue enfático: "No habrá una crisis humanitaria en Cuba, porque nuestro pueblo es profundamente solidario, comprende las causas de los problemas y se moviliza colectivamente en estrecha unidad".

Las mujeres cubanas, protagonistas de esa resistencia, no se rinden. Están en las ferias de empleo, en los parques fotovoltaicos que se instalan en 45 días, en los consultorios, en las aulas, en las comunidades que se transforman. El bloqueo intenta sembrar desesperanza, pero ellas cosechan dignidad.

La votación del próximo 28 de octubre en la Asamblea General de las Naciones Unidas será una nueva oportunidad para que el mundo alce la voz contra esta política genocida. "Queremos vivir en paz", repitió el canciller. Y en ese clamor va la voz de cada madre que cuida, de cada niña que estudia, de cada abuela que resiste.

La Editorial de la Mujer se suma a ese llamado. Porque ninguna cifra podrá medir el amor con que las cubanas sostienen la vida, ni el coraje con que defienden su derecho a un futuro de paz, justicia y soberanía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario