lunes, 7 de septiembre de 2026

Errores que cuestan

 


Por Marilys Suárez Moreno

Un infante emocionalmente saludable es alegre, juega, corre, ríe, tiene buen apetito y duerme bien. Estos niños y niñas se adaptan al medio y comparten con el resto, diferentes actividades, las que realizan con alegría y entusiasmo.

Otra cosa sucede cuando los padres y madres encuentran algún tipo de alteración en la conducta, tales como tristeza, aburrimiento, agresividad, exceso de timidez, desgano, apatía y hasta mal dormir.

No conocen las causas que las motivan, pues aparentemente el niño o niña no se ve enfermo, pero ese tipo de alteración de la conducta infantil se asocia por lo general a alguna situación que debe llamar nuestra atención o a errores en la educación y crianza. 

Si no se realiza una labor educativa y formadora a conciencia, puede derivar en verdaderos trastornos sicológicos y requerir de la intervención de un especialista.

El mayor error que comenten padres y madres es no brindarles a sus hijos la atención y el cariño que necesitan, porque piensan que si se muestran demasiados afectuosos los están malcriando o no quieren que crezcan como unos blandengues y ven el cariño como una forma de malcriadez, todo lo cual es una gran equivocación.

Los que así actúan ignoran que para el mejor desarrollo de una personalidad sana es muy importante sentirse querido, respetado y seguro en el medio familiar. Y eso solo se logra cuando se les demuestra ese cariño con palabras dulces, besos y caricias. 

No hablamos de sobreprotección, de retener sus normales movimientos o limitar sus acciones. Que si malo es lo uno peor es lo otro y a la postre lo único que se logra es convertirlos en adultos inseguros e incapaces de actuar acorde a sus potencialidades.



 

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