miércoles, 29 de julio de 2026

Leydis Labrador: Cuba no acepta el yugo


Por Marilys Zayas Shuman

Fotos: Vladimir Molina

La mañana avanzaba en el Palacio de Convenciones con la solemnidad propia de una sesión parlamentaria, pero también con la tensión acumulada por semanas de debate y resistencia. Cuando la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Ana María Mari Machado, tomó la palabra para dar lectura a la propuesta de declaración contra la política de máxima presión y asfixia de Estados Unidos, el aire se cargó de expectación. El silencio fue profundo, casi denso, como si cada diputado y diputada aguardara el instante en que la voz colectiva del Parlamento se hiciera sentir.

En ese clima de emociones contenidas, la diputada por Puerto Padre, Las Tunas, Leydis María Labrador, pidió la palabra. Su intervención no fue un discurso más: fue un testimonio que atravesó la sala como un latido compartido.

Habló desde la experiencia cotidiana, desde las heridas abiertas que deja el bloqueo en hospitales, hogares y escuelas. Su voz, firme y conmovida, convirtió la sesión en un momento de verdad, de esos que marcan la memoria de un país.

“Trabajamos en la edición impresa del periódico Granma. No podíamos evitar conmovernos cuando el reportero nuestro que estuvo en el momento de la entrega del más reciente donativo de Open Health describía algunas de las palabras de la directora de la institución, y ella decía más o menos algo así: ‘Hemos tenido que llegar a utilizar incluso los backup de nuestras computadoras cuando tenemos apagones en el hospital, para evitar que se apaguen las máquinas de los respiradores artificiales de los niños que tenemos hoy en las terapias intensivas’.  

“Y cuando uno escucha cosas como esta, uno se pregunta si los que están haciendo esto contra Cuba en algún momento se sacaron el corazón del pecho y renunciaron a ser seres humanos para convertirse en algo que, como decían mis compañeros anteriormente, ya ni siquiera tiene nombre. Porque no hay un ser humano en este planeta que escuche algo como esto y no tenga la sensibilidad suficiente para sentir que se le aprieta el alma de pensar que en una terapia intensiva puede morir un niño inocente, no porque no haya profesionalismo para salvarlo, no porque no haya suficiente capacidad de los profesionales que están ahí luchando por sus vidas, sino porque a alguien, a miles de kilómetros de distancia, no le importa el sufrimiento y la desesperación de una madre cuando esa máquina se puede apagar.  

“Esas son cosas que el pueblo cubano, que los cubanos, llevamos cada día en el pecho. Y son heridas que llevamos y que no se cierran y que no vamos a perdonar nunca. Nuestro presidente lo ha llamado ‘muestras de heroísmo cotidiano’, ¡y cuántas muestras de heroísmo cotidiano hay! No nos alcanzarían días y días en esta Asamblea para citar los ejemplos, los ejemplos que se salen de las paredes de un hospital, que se salen de las paredes de una escuela, que van a las paredes de un hogar, cuando muchas madres, cuando muchas familias tienen que renunciar al sueño, al descanso para aprovechar las escasas horas de electricidad en una madrugada para cocinar los alimentos de sus hijos, y los que se levantan temprano a encender el carbón antes de ir para el trabajo para cocinar el alimento de la familia, y los científicos que pasan horas haciendo una vacuna en un laboratorio y después tienen que salir a la calle a lidiar con la falta de transporte, a lidiar con los apagones de largas horas.  


“Yo creo que sinceramente hemos dicho muchas veces la palabra genocidio, y la seguiremos diciendo tantas veces como sea necesario, porque no existe otra manera de definir lo que está pasando hoy con el pueblo cubano. Y yo creo que hay algo importante que nosotros tenemos que tener en cuenta y que no podemos olvidar nunca: se está tratando de hacer también una guerra contra los sentidos, contra los principios de este pueblo; se está poniendo muchísimo dinero en las redes sociales, en las plataformas digitales, en todos los espacios, no solo para subvertir nuestra ideología, sino para que estemos cubanos contra cubanos, para que no nos miremos con solidaridad, para que no nos miremos con afecto, para que veamos a nuestros líderes como enemigos, para que sigamos pensando que este gobierno es ineficiente y que lo que estamos pasando hoy no tiene nada que ver con una mano externa que nos asfixia y que nos aplasta, sino por la ineficiencia de los dirigentes cubanos.  

“No podemos perder la madurez en este momento, no podemos perder la sensibilidad. ¿Qué podemos hacer? Lo que estamos haciendo: seguir buscando hasta la última alternativa para salvar la patria, para salvar nuestra economía; pero yo creo que sobre todo, y por encima de todo, hay que salvar esos principios de humanismo, de solidaridad, de colaboración, que han sido siempre una herencia para este pueblo cubano. Y cuando yo tengo un plato de comida y no lo tenga mi vecino, hay que compartirlo, y hay que tocar la puerta de esa madre que tiene tres niños y vive sola hoy, y hay que saber cómo está la vecina que está cuidando a un paciente encamado en esta situación que estamos viviendo, o la madre que tiene una niña conectada a un respirador artificial, incluso en los hogares cubanos.  

“Yo creo que hoy el pueblo cubano está escribiendo páginas muy dignas, y páginas muy dignas que tienen que servir también para que aquellos en el mundo que aún no han despertado, reflexionen y se den cuenta de lo que está pasando, porque ellos dicen que nosotros somos *‘terrorismo de extrema izquierda’*, pero lo que pasa es que los seres humanos se han cansado de tanta injusticia y están buscando, y hay que seguir buscando, ejemplos heroicos como los del pueblo cubano que demuestran que la injusticia sí se puede enfrentar, y que sí hay mucho que podemos hacer, y que no va a haber un señor todopoderoso en este mundo que le diga a un pueblo que tiene que rendirse, que tiene que abandonar su patria y que tiene que abandonar sus ideales. ¡Eso no va a pasar!  

“Y como hizo ahorita nuestro canciller y como hizo la vicepresidenta de nuestra Asamblea, yo también me permito citar a Martí y lo quisiera hacer de la siguiente manera: “Los cubanos no vamos a aceptar el yugo, y si lo aceptamos será únicamente para ponernos sobre él de pie y lucir orgullosos en nuestra frente la estrella que ilumina y mata”.

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