miércoles, 25 de junio de 2025

Una condición cardinal


Por Marilys Suárez Moreno

La cuestión básica en la crianza y educación de los hijos e hijas es amarlos y hacérselos saber. Esto no es una técnica ni un procedimiento, sino un sentimiento, una condición cardinal para padres y madres.

Uno de los factores que más influye en la formación infantil es la seguridad emocional y física. Saber que cuenta con el apoyo y la aceptación de sus padres y que encontrará siempre en ellos la orientación adecuada en el momento que la necesite, es de vital importancia para el niño o niña en cualquier etapa de su infancia y adolescencia. De hecho, las acciones surgen, la mayoría de las veces, sin técnicas aprendidas o recetas ajenas. Brota, eso sí, cuando hay un genuino y profundo sentimiento de aceptación y amor hacia el niño o niña. Sin esa emoción y esa ternura únicas que prodiga la familia, no hay ciencia en el mundo que logre criar y educar bien. Pasa como con los cimientos de una vivienda, si sus bases no son las exigidas para su construcción, no hay arquitectura que consiga erigir la más bella de las edificaciones.

Durante la infancia es necesario el estremecimiento de amparo y resguardo que se produce cuando reciben amor y atención de los padres y demás familiares. Se demanda la certeza de que, por difícil que sea la nueva situación que deben resolver, sus progenitores serán refugio para cualquier dificultad en que se vean, sin que ello signifique aceptación de mamá y papá.

Crecer en un entorno emocional seguro, resguardado, le permite al niño o niña desarrollar un buen nivel de confianza en sí mismo y, por ende, enfrentar los avatares de la vida sin las dudas y complejos que atormentan a los menores que no reciben ayuda y orientación cuando la demandan o necesitan.

Para ello no es necesario abrumarlo con críticas y sermones, sí pensar que al niño o niña, al igual que a cualquier adulto, se le presentan problemas que para ellos pueden ser insolubles y que, por sí mismos, pueden ser causa de grandes apuros de su parte para tratar de resolverlos. No hay por qué esperar a que las infancias enfrenten y resuelvan en soledad sus dificultades, como si fuera una persona mayor, cuando papá, mamá o cualquier adulto de la familia, están ahí para orientarles, llegado el caso.

Un niño o niña querido, aceptado, protegido y resguardado por sus padres y demás familiares, seguramente será un infante feliz. Algo que en todos los tiempos resulta vital para la formación infantil.

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