Por Aurika Rubio
Vilma Espín, destacada revolucionaria y líder feminista cubana, poseía una personalidad multifacética que combinaba firmeza revolucionaria con sensibilidad humana.
Desde joven demostró valentía y compromiso revolucionario. Tuvo coraje al participar en manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de Batista y al unirse al Movimiento 26 de Julio, como combatiente clandestina, bajo el seudónimo Déborah, coordinó acciones arriesgadas en Oriente y luego se unió a la guerrilla en la Sierra Maestra cuando su vida estuvo en peligro.
Mujer con gran liderazgo y visión para la emancipación femenina. Fue una pionera en la lucha por los derechos de las mujeres, fundando la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y promoviendo políticas de igualdad de género.
Impulsó la creación de los Círculos Infantiles para facilitar la incorporación de las mujeres al trabajo y al estudio.
Se destacó como una de las primeras mujeres ingenieras químicas en Cuba, graduada en la Universidad de Oriente y con estudios en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con conocimientos técnicos y organizativos tanto en la lucha revolucionaria como en la construcción del nuevo estado socialista.
A pesar de su origen acomodado y su posición de liderazgo, mantuvo siempre una actitud humilde y cercana al pueblo. Se destacó por su sencillez y humanidad.
Sus compañeros destacaban su capacidad para conectar emocionalmente con las personas, especialmente con las mujeres y jóvenes.
Defendió con convicción los ideales socialistas y antimperialistas, representando a Cuba en foros internacionales sobre derechos de la mujer.
Fue intransigente ante las injusticias pero flexible en los métodos para lograr sus objetivos revolucionarios.
Tenía una creatividad y capacidad organizativa incalculable, lo demostró al organizar redes clandestinas durante la lucha revolucionaria y luego estructuras masivas como la FMC.
Implementó soluciones prácticas a problemas sociales, como la reeducación de prostitutas y la protección a la infancia.
Mantuvo una inquebrantable lealtad y dedicación absoluta a Fidel y Raúl y a los principios de la Revolución.
Trabajó incansablemente hasta su muerte, ocupando múltiples responsabilidades políticas sin descuidar su labor con las mujeres cubanas.
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