martes, 6 de mayo de 2025

Los peligros asechan



Por Marilys Suárez Moreno

Mientras la madre acababa de vestirse para salir con su pequeño de tres años a la calle, este abrió raudo la puerta de entrada, que no tenía pasado seguro alguno, y se desprendió escaleras abajo, mientras su mamá lo llamaba a gritos.

Sin hacer caso, el chico siguió corriendo hasta que una vecina que subía la escalera en esos instantes, lo atajó en su camino. De no haber existido la prodigiosa intervención de la señora, el niño hubiera podido caerse escaleras abajo o habría seguido hasta la calle, llevando consigo el peligro de ser atropellado, pues ella vive en una calle de mucho tránsito.

Al final, la madre, asustada, solo atinó a agarrar al niño mientras le daba nalgadas y lo insultaba con palabras que el pequeño no comprendía y a las que respondía con gritos y llanto.

A los dos y tres años tanto el niño como la niña quiere caminar solo, quiere conquistar un mundo desconocido. De hecho, hay que darle opciones y dejarlo libre, pero sin perderlo jamás de vista. Basta un segundo de distracción y puede ocurrir una desgracia grande o pequeña.

Si se vive en altos, hay que tomar precauciones en las ventanas y balcones para que, no solo pueda asomarse espontáneamente, sino que no pueda arrastrar sillas y cajones donde encaramarse duplicando el peligro.

Cuando salimos de paseo o lo llevemos con nosotros por algún motivo, debe ir fuertemente cogido de la mano y siempre por la parte de adentro, si por casualidad el menor se desprendiese habría siempre la posibilidad de agarrarlo antes de que salga de la acera, cosa que no ocurre si se camina por la orilla de la calle.

En los patios, parques, jardines y lugares abiertos hay que procurar que ande con zapatos siempre para evitar cortaduras o hincadas que luego requieren vacunas, puntos y hasta intervenciones quirúrgicas de urgencia, según la magnitud de la herida.

Si hay escaleras en casa es necesario colocar una reja o barrera segura para que el niño o niña no emprenda solo el descenso o la subida de los escalones. Sus pocos años no aseguran un suficiente equilibrio para utilizar escaleras empinadas.

Nunca está demás tomar las debidas precauciones que aseguren la estabilidad del niño o niña, pues en la primera infancia, se actúa por impulso y ansias de descubrimientos. Una libertad vigilada evitaría males mayores y le permitiría al infante la necesaria autonomía que, de ahora en adelante irá ganando según vaya creciendo.

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