Por Marilys Suárez Moreno
Mientras la madre acababa de vestirse para salir con su pequeño de tres años a la calle, este abrió raudo la puerta de entrada, que no tenía pasado seguro alguno, y se desprendió escaleras abajo, mientras su mamá lo llamaba a gritos.
Sin hacer caso, el chico siguió corriendo hasta que una vecina que subía la escalera en esos instantes, lo atajó en su camino. De no haber existido la prodigiosa intervención de la señora, el niño hubiera podido caerse escaleras abajo o habría seguido hasta la calle, llevando consigo el peligro de ser atropellado, pues ella vive en una calle de mucho tránsito.