Por Marilys Suárez Moreno
Foto: Tribuna de La Habana
Este 18 de junio se cumplen 19 años de su fallecimiento, pero los seres como ella nunca se van del todo. Pareciera que su espíritu nos acompaña y guía y su imagen bonita continúa viva en las tres letras de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la organización femenina que a instancias de Fidel creara un día, y que late en el trabajo de su relevo generacional.
Vilma Lucila Espín, la joven que protestó contra la ilegalización de su querida Universidad de Oriente, donde fue pionera en los estudios de Ingeniería Química, sin dejar de manifestarse en las calles, cara a cara con los esbirros de la tiranía y que, participó en el alzamiento armado del 30 de noviembre de 1956 bajo las órdenes de Frank, como parte de las acciones previstas para la llegada del Granma, tejió una hermosa historia de vida y luchas, tanto en la clandestinidad como en la Sierra, convertida en guerrillera.
Una historia que enorgullece porque nos habla de una santiaguera intrépida que se fogueaba a golpe de noches oscuras de sangre y valor en una época marcada por la historia mientras ella se forjaba la suya, no exenta de miedos, zozobras y valentía. Creciéndose rebelde entre el clandestinaje tenebroso y las guerrilleras montañas orientales.