martes, 29 de septiembre de 2026

La Rosa de Bayamo


Esta lección de vida la protagonizó una mujer negra nacida esclava, cuya existencia recordamos en el aniversario 119 de su fallecimiento.


Por Marilys Suárez Moreno

Rosa María Castellanos Castellanos nació esclava en un barracón cercano a Bayamo, por lo que recibió el apellido de la familia a cuyo servicio estaban sus padres. No se precisa la fecha, pero se piensa que fue en 1834. Rosa no sería una niña más de las tantas que nacían y morían esclavas.

Lograda su libertad al estallar la llamada Guerra de los Diez años, se sumó al llamado libertario de Carlos Manuel de Céspedes y se incorporó a la lucha con decisión tan inquebrantable que solo plegó sus armas 30 años después, cuando la intervención yanqui frustró la gesta victoriosa y las aspiraciones libertarias de Cuba. 

Cuando las familias bayamesas abandonaron sus casas reducidas a cenizas tras el incendio de Bayamo, su ciudad natal, la negra Rosa, ya libre, se internó en las serranías de Guisa y con otras mujeres fundó la ranchería de Las Mentecas, donde crecieron sus dotes de dirigente y devino parte imprescindible de la retaguardia del Ejército Mambí.

Experta como era en medicina verde, sus conocimientos de yerbas y raíces medicinales fueron de mucha utilidad en los campos insurrectos orientales y luego en los lomeríos camagüeyanos durante la Guerra Necesaria. 

Se había convertido en una original terapeuta y sus habilidades y conocimientos salvaron no pocas vidas.

En 1870 tras librar varios combates, pues también era muy diestra con las armas, y destacarse como Capitana de Sanidad, marchó para la provincia de Camagüey, que atravesaba uno de los más críticos momentos de la guerra. 

Allí la bautizaron como Santa Rosa y fue reconocida por su bondad y espíritu de sacrificio, tanto como por su disposición y osadía en las batallas, en las que estuvo acompañada siempre por su esposo, soldado insurrecto como ella. 

Fue después del combate de Ceja de Altagracia, en Najasa, que la bayamesa construyó allí un hospitalito. Su labor como sanitaria se había multiplicado en los conocidos combates de La Sacra, Palo Seco, El Naranjito y otros.

Dolida por el Pacto del Zanjón, rechazado en la histórica Protesta de Baraguá por Antonio Maceo y los cubanos y cubanas dignas como Rosa y su esposo José Florentino Varona, la mambisa permaneció a la espera del reinicio de la llamada Guerra Necesaria, organizada y dirigida por nuestro Héroe Nacional José Martí, el 24 de Febrero de 1895.  

A propuesta de Máximo Gómez fundó un hospital al que llamaron Santa Rosa y donde la bayamesa desplegó todas sus fuerzas y empeños, ahora acompañada por solo dos de los ayudantes que le designó el Generalísimo del Ejército Libertador. 

Concluida la guerra, regresó a su casa de San Isidro, en Camagüey, calle que hoy lleva su nombre. Allí falleció el 25 de septiembre de 1907, despojada injustamente de sus méritos combativos, pero, paradójicamente, honrada como coronel por las autoridades interventoras norteamericanas que le reconocieron su valía y hasta le rindieron honores militares durante su cortejo fúnebre.

El pueblo camagüeyano, en acto de desagravio a quien fue despojada inmerecidamente de sus méritos combativos, la acompañó en sentida manifestación de duelo popular hasta el Ayuntamiento donde fue velada antes. 

En Camagüey, donde reposan sus restos, la bautizaron como Santa Rosa y su nombre destacó como ejemplo de patriotismo, disposición y ánimo en las batallas. Un monumento ecuestre en bronce, obra del maestro Alberto Lezcay perpetua en su Bayamo a la hija insigne de una ciudad gloriosa.








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