Por Aime Sosa Pompa
Así podría comenzar una historia para contarle en noches y madrugadas de apagón aquí en Cuba, a las personitas que tenemos cerca. La protagonista es real y hoy está de cumpleaños. ¡Qué buena noticia!
Había una vez un hombre que pudo hacer una historieta para vender productos pero no se la aceptaron hasta que un amigo le pidió unas viñetas, que son esos dibujitos que nos sorprenden o nos cambian la vista y no nos aburren entre tantas letras.
Y así, un día como hoy, exactamente hace 62 años, nació una llamativa figurita hasta con un lazo en la cabeza, un dibujo muy adecuado para quienes saben leer, escuchar y respetar lo que dicen las niñas, y más cuando lo dicen con sinceridad y le dejan hacerlo.
Ella se llamó desde el inicio Mafalda, un nombre que con el tiempo se volvió famoso.
¿Cuántas y cuántos de ustedes, la conocen?
Pues una de las primeras conversaciones que tuvo Mafalda con su padre, aquel 29 de septiembre de 1964 en las páginas 22 y 64 de un periódico, llamado Primera Plana, decía así:
—¿Vos sos un buen papá?
—Y… creo que sí.
—¿Pero sos el más, más, más, más bueno de todos, todos, todos los papás del mundo?
—Bueno… no sé. A lo mejor hay algún otro papá más bueno que yo.
—¡Lo suponía!
Como si fuera la mejor filósofa niña del mundo vino Mafalda a poblar nuestro universo, y cuando digo poblar, lo digo con toda intención. Porque está donde quiera, en otros idiomas y hasta hay esculturas en muchos lugares del planeta....No, aquí en Cuba, creo yo, no tiene ninguna, va y alguien la hace pronto.
Ella no crece en tamaño ni cambia en postura, se queda en las mismas coordenadas donde la súper bien colocó su creador: Joaquín Salvador Lavado Tejón, el Quino de las historietas en español.
Pero esas coordenadas no son estáticas o fijas, porque ella lo mismo está en su casa o afuera jugando con sus amiguitos o en su cuarto sujetando a un osito o con su mamá, su papá, con otros mayores, viendo la television, leyendo.
¿Qué quienes son sus amiguitos? Se llaman Susanita, Felipe, Manolito, Miguelito y Libertad —¿puede una niña llamarse Libertad? Sí, ¡más bien!—. Y Guille es su hermano menor.
Mafalda tiene 6 añitos y sus palabras, ¡Ufs! estremecen y provocan ese asentimiento de cabeza, como cuando la mueven ustedes diciendo que sí, eso que hacemos cuando alguien dice una verdad.
Porque ustedes, niñas y niños a las que hago este cuento que es real, tienen a Mafalda muy cerca, quizás cada día está a su lado susurrándole esas ideas muy asombrosas que nos sorprenden a los mayores, como que dudamos que puedan ser más inteligentes; creo que los que debemos aprender somos nosotros.
Y si viven en cualquier punto de este archipiélago llamado Cuba y saben lo que es levantarse cada día con ciertas sorpresas que no nos gustan pero que en el fondo no podemos cambiar con frases conjuros ni varitas mágicas, les prometo ir un momentico a leer a Mafalda —que va a ser muy rápido y no va a ser cansón, se los juro y está también en Braille— será el mejor regalo del día con el amanecer o la mejor bienvenida al sueño reparador de cada noche.

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