lunes, 28 de septiembre de 2026

Gloria Quintana García: una vida de entrega al magisterio, la comunidad y la Revolución



Por Yamylé Fernández Rodríguez 

Fotos: Bárbara Suárez Ávalos/Radio Progreso 

Muy contenta anda por estos días Gloria Quintana García quien acaba de recibir la Distinción 28 de Septiembre, conferida por los Comités de Defensa de la Revolución en el contexto del aniversario 66 de su fundación y en el año del centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. 

Se trata de un reconocimiento a una mujer de casi 81 años de edad que conserva la misma pasión, firmeza de principios y espíritu de servicio que han marcado toda su existencia. 

Residente en el municipio de Guáimaro desde hace más de cinco décadas, su historia personal está estrechamente vinculada a los principales procesos sociales vividos por Cuba después del triunfo revolucionario.

Con la satisfacción de vivir en la tierra donde se aprobó la primera Constitución de la República en Armas, el 10 de abril de 1869, Gloria afirma sentirse profundamente identificada con las tradiciones patrióticas de la localidad y con el legado del mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, figura a la que admira por su incondicional entrega a la nación.

Desde muy joven junto a su familia, residente entonces en una zona rural, colaboró con el Ejército Rebelde antes del triunfo de la Revolución y aquellas vivencias, unidas al ejemplo de sus padres, contribuyeron a forjar los valores que posteriormente orientarían toda su vida. 

Su padre dedicó 50 años de trabajo como obrero azucarero en el central Senado (nombrado luego Noel Fernández, en el municipio camagüeyano de Minas), mientras su madre, descendiente de mambises, le transmitió el amor por la patria, la solidaridad y el sentido del deber.

“Por tanto, llevo a la Revolución dentro”, dice con orgullo.

Cuando el triunfo revolucionario en Cuba, Gloria apenas contaba 13 años de edad. En aquella época, poseer el sexto grado de escolaridad constituía una preparación significativa en las zonas rurales y esa circunstancia le permitió participar en los primeros censos realizados para localizar a personas sin empleo. 

Poco tiempo después se incorporó a los nacientes Comités de Defensa de la Revolución, organización de la cual es fundadora y a la que ha permanecido vinculada durante toda su vida.

Recuerda con especial emoción las primeras acciones comunitarias desarrolladas por los CDR.

“Esta organización comenzó a darle una vida muy diferente a todas las personas y en las primeras etapas a los más humildes se les llevaba hasta tela para hacerles alguna ropita a los niños y mi madre, que sabía coser, aprovechaba esa oportunidad y visitábamos a los niños con más necesidades. Desde entonces yo estoy incorporada a los CDR”.

Tales acciones reforzaron en ella la convicción de que la solidaridad constituye uno de los valores esenciales de la sociedad cubana.

Aunque nunca ocupó la responsabilidad de presidenta de CDR, desempeñó durante años tareas relacionadas con las esferas de salud y educación, funciones que asumió en cada comunidad donde residió. 

Su participación ha estado siempre orientada al trabajo directo con las familias, la atención a las personas con más dificultades y la promoción de la participación comunitaria.

“Los de más edad sabemos que hay que continuar levantando los CDR porque se trata de una organización que llega a todos los hogares, a todas las personas, y esa vitalidad de pueblo, de vigilancia, no puede perderse. No importa la forma en que nos manifestemos como cederistas en el debate público aunque discrepemos, pero que sea en buena forma”.

“No tendremos mucha tienda, que quiere decir tener muchos bienes materiales, pero tenemos la libertad que no tienen otros pueblos, tenemos la posibilidad que con limitaciones tenemos hospitales, policlínicos, los consultorios del médico de la familia, la solidaridad entre vecinos, y si hay algo que no podemos perder es la dignidad y el honor de ser cubano y de habérnoslo ganado con nuestro propio esfuerzo”.

La historia de Gloria está también profundamente ligada a la educación. 

En 1961 participó en la Campaña Nacional de Alfabetización, acontecimiento que abrió nuevas oportunidades de formación para miles de jóvenes cubanos, y tras concluir esta etapa recibió propuestas de estudios superiores. 

Inicialmente le ofrecieron una beca para cursar Medicina, pero decidió renunciar a ella al considerar que no poseía vocación para ello. Poco después apareció una nueva oportunidad que marcaría definitivamente su destino: estudiar Magisterio.

Sin dudarlo, escogió la profesión docente y durante 42 años ejerció como maestra de enseñanza primaria y posteriormente trabajó dos años vinculada a la universidad, pues la educación se convirtió para ella en una vocación permanente y en la mayor obra de su vida.

Entre los recuerdos más valiosos que atesora se encuentran las muestras de cariño y respeto de sus antiguos alumnos. Décadas después de haber pasado por sus aulas, muchos continúan visitándola para agradecer sus enseñanzas, compartir experiencias y brindarle apoyo y, en su opinión, ese reconocimiento constituye la mayor recompensa que puede recibir un educador.

Fundadora también de la Federación de Mujeres Cubanas, Gloria considera que las organizaciones de masas continúan desempeñando un papel esencial en la vida de las comunidades:

“Soy fundadora de la FMC y eso me enorgullece porque realmente fue lo que la Revolución nos enseñó: a ser unidos, a tener de verdad una relación con el pueblo que no podemos perder. Jamás podemos perder esa solidaridad y el amor por la patria”.

Con una vida dedicada al servicio público, la educación y el trabajo comunitario, Gloria Quintana García representa a una generación de cubanos que participó directamente en las transformaciones sociales impulsadas a partir de 1959 y no caben dudas de que su trayectoria constituye un ejemplo de constancia, responsabilidad y entrega, valores que continúa defendiendo con la misma energía de sus años adolescentes.

Hoy, próxima a cumplir 81 años en diciembre próximo, insiste en su condición de maestra, cederista y federada y su memoria resguarda las experiencias de una época de cambios profundos ocurridos tras el primero de enero de 1959, al tiempo que defiende la solidaridad, la dignidad y el amor a la patria como principios fundamentales para las futuras generaciones.

“Como dijo el General de Ejército Raúl Castro tenemos que estar con el pie en el estribo y es por eso que decir Yo soy Fidel no solo debe ser de palabra, es cumplir con Fidel, con sus pensamientos, con el ejemplo que nos dejó y está vigente, y esas cosas nos llenan de ánimo para continuar la batalla”.


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