martes, 8 de septiembre de 2026

Entre huracanes y esperanzas: liderazgo con rostro de mujer




Por Marilys Zayas Shuman
Fotos equipo Editorial de la Mujer

La Editorial de la Mujer llegó a Pinar del Río con el propósito de visibilizar desde nuestros medios a las mujeres vueltabajeras que hicieron posible que el territorio fuera sede del 26 de julio y, además, vanguardia nacional por el 23 de agosto. El viaje tuvo el mismo espíritu que nos mueve siempre: reconocer en cada rincón del país la fuerza de las que sostienen la vida cotidiana y que, desde sus espacios, hacen posible que Cuba avance. 

En Pinar del Río, esa fuerza se siente en las calles, en las escuelas, en los hospitales, en los campos de tabaco y en los hogares donde cada día se libra la batalla por la resistencia y la esperanza. 

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el territorio nos abrió las puertas para conocer esas historias de protagonismo femenino. 

Pero la magia no quedó ahí. Llegamos hasta las oficinas de la dirección provincial del Partido Comunista de Cuba, allí nos esperaba Yamilé Ramos Cordero, secretaria provincial de la organización. La puerta de su oficina se abrió y apareció una mujer joven, con el gesto sereno de quien carga sobre sus hombros responsabilidades enormes y, aun así, conserva la frescura.

Al fondo, en la pared, una imagen de Vilma Espín parecía acompañar todos los procesos, como recordatorio de que la historia de las mujeres cubanas se escribe siempre con valentía y ternura. El escritorio lleno de papeles, agendas que se cruzaban… y, sin embargo, el tiempo se detuvo para conversar.

Con voz firme y cálida, Yamilé nos invitó a sentarnos. Allí, entre la rutina de la dirección política y el murmullo de la provincia que late afuera, comenzó una entrevista que no solo revela la historia personal de una dirigente, sino también la memoria colectiva de un pueblo que se levanta una y otra vez, con rostro de mujer.

Las raíces

Queríamos saber quién era esa mujer que hoy carga sobre sus hombros tantas responsabilidades, cuáles eran sus raíces, de dónde venía. Pero en la voz de Yamilé la respuesta no fue un dato frío: se transformó en un viaje a la memoria.

Con una sonrisa serena, nos llevó hasta el municipio de Guane, a un pueblecito llamado Chucho Fuego, aunque todos lo conocen como Molina. 

Allí, entre surcos de tabaco y cultivos varios, comenzó su historia. La tierra era el escenario de su infancia, y el olor del campo la acompañó desde siempre.

A unos kilómetros, en Laguna Vieja, estaba la raíz materna: un lugar de ganadería que con los años se fue apagando, pero que sigue siendo parte de su identidad. Entre esos dos pueblos se tejió su niñez, marcada por la humildad y la Revolución.

“Yo soy de ahí, del campo, de una familia humilde, revolucionaria”, nos dijo con orgullo. Recordó que los siete hermanos de su madre pudieron estudiar gracias a la obra revolucionaria, integrarse en organizaciones, crecer con oportunidades. Por la parte de su padre, la vida fue más dura, pero siempre con la dignidad del trabajo en el campo.

Así, entre la laboriosidad de unos y la perseverancia de otros, Yamilé aprendió que la raíz campesina no es solo origen: es escuela de valores, de resistencia y de compromiso.

La vocación heredada

La conversación nos llevó inevitablemente a la familia. Yamilé no dudó: “Yo soy el reflejo de mis padres, y de eso me siento muy orgullosa”, dijo y en sus palabras se dibujó la silueta de dos maestros que fueron también guías de vida.

Su madre, mujer humilde, responsable, comprometida y sensible. Maestra de profesión, llevó siempre esas habilidades a cada espacio: la juventud, el Partido, las organizaciones. Aun jubilada, se reincorporó con el mismo espíritu, con ese optimismo que su hija confiesa querer heredar: “Yo quisiera tener el espíritu de mi mamá, por ese deseo de hacer, de aportar”.

Su padre, ya ausente, fue también maestro y guajiro del campo. En su juventud ocupó responsabilidades en la juventud comunista, en el Partido, en la ANAP, y más tarde en el sector empresarial. Era muy humano, rodeado de amigos sinceros, recordado por su humildad y por la limpieza de su alma.

“Mi papá era un hombre muy bueno”, dice, con la certeza de que su carácter noble sigue siendo brújula en su vida. Así, reconoce que su vocación política no nació de la casualidad, sino de una herencia de valores que se convirtieron en cimiento de su liderazgo.

“Esa ha sido mi cuna, mi ejemplo, mis padres son mis ejemplos, a lo largo del camino hay otros ejemplos, hay otras personas, otros símbolos, otros líderes que constituyen ejemplos, referencias, pero indudablemente la formación, el entorno familiar, la cuna, la casa, yo creo que es elemental. No solo para mí, sino en la formación y en el desarrollo de cualquier ser humano. Yo admiro mucho la manera de ser de mis padres. Y yo creo que eso es algo que me ha permitido a mí también ser como soy”.

Una vida marcada por líderes y lideresas

Entonces surgió un nombre inevitable: Vilma Espín. “Vilma es una inspiración constante. Vilma es un ejemplo”. En su voz, la figura de aquella mujer se dibuja como guía y faro. La describió como valiente y sensible, amorosa y firme, capaz de construir una familia mientras hacía la Revolución. “Porque” —recordó— “nadie debe creer que fue fácil levantar una obra como la que hoy disfrutamos a pesar de las dificultades: Ha sido muy difícil hacer una Revolución”.

La diferencia entre la Cuba de antes de 1959 y la de hoy, aseguró, tiene mucho que ver con Vilma. Su batalla no fue solo política: fue también cotidiana, hecha de amor, estudio y entrega. Esa capacidad de conjugar ternura y firmeza constituye para Yamilé un referente esencial.

“Por eso siempre digo que es mi guía, es mi inspiración. Y siempre la llevo conmigo”, confesó. Y en ese instante, la imagen de Vilma —colgada en la pared de su oficina— parecía acompañar sus palabras.

Y Fidel...

Recordó que cuando llegó a la Dirección Nacional de la Organización de Pioneros José Martí, el Comandante ya tenía una actividad más limitada por su salud. Pero su figura, dijo, no puede enmarcarse en un período específico: “Fidel tiene mucho que ver en la formación de mi generación, porque nacimos viendo a Fidel, escuchando a Fidel, participando en diferentes momentos con Fidel”.

Su vida estuvo marcada por la organización: responsabilidades, festivales, concursos, acampadas, el movimiento de Pioneros Exploradores. En cada espacio, de alguna manera, estaba Fidel. “Fidel constituye un referente, una guía, una inspiración”, afirmó. “Su optimismo, sus grandes batallas, son hoy brújula para las nuevas generaciones”. Yamilé lo dice con convicción: “los combates que Cuba libra hoy, la resistencia del pueblo, la participación y la comprensión de la gente, tienen mucho que ver con lo que Fidel dejó como legado.

Ian y la fuerza de un pueblo

El recuerdo del huracán Ian se impone inevitablemente cuando se habla de su gestión como secretaria del Partido. Fue su bautismo de fuego: apenas comenzaba en el cargo y la provincia enfrentó uno de los ciclones más duros de su historia reciente.  

Lo relata con la serenidad de quien ya ha sobrevivido a la tormenta, pero con la memoria viva de aquellas horas tensas: “Fue un evento meteorológico que avanzó muy rápido, cambió de categoría, y nos sorprendió con una magnitud que no imaginábamos”.  

El 27 de septiembre, desde la mañana, los consejos de defensa se activaron, nos cuenta. Las indicaciones se multiplicaban, los municipios recibían órdenes de adelantarse en medidas preventivas. Pero la velocidad del fenómeno superó cualquier pronóstico. Esa tarde llegaron a la provincia dirigentes nacionales para acompañar la respuesta. La madrugada fue un torbellino de vientos y lluvias, de comunicaciones intermitentes, de familias desesperadas. “Hacía mucho tiempo que no pasaba un evento de esa magnitud por Pinar del Río… habíamos perdido el entrenamiento”, recuerda.  

Al rememorar esas horas explica, antes del amanecer, todo estaba destruido: más del 60% de las viviendas dañadas, casi el 80% de las escuelas afectadas, el 90% de la infraestructura agrícola arrasada. El macizo tabacalero, orgullo de la provincia, quedó en ruinas. “Esto es un desastre, acabó”, le dijo al Primer Secretario del PCC en comunicación telefónica. La respuesta fue inmediata: “No te preocupes, de esta vamos a salir, los vamos a acompañar, no van a estar solos”.  

“Y así fue”. Nos comenta que Cuba entera se volcó hacia Pinar del Río. Brigadas de todas las provincias llegaron para apoyar la recuperación. Se habilitó una cuenta que recaudó más de 10 millones de pesos, destinados principalmente a reparar escuelas. Se contabilizaron más de 100.000 viviendas afectadas; hoy, más de 63.000 han sido recuperadas, aunque aún quedan unas 40.000 familias esperando una plancha de zinc, viviendo en condiciones temporales.  

El huracán dejó destrucción, pero también enseñanzas: la necesidad de fortalecer la producción local, de buscar alternativas, de no perder nunca la capacidad de respuesta. Y dejó, sobre todo, la certeza de que la provincia supo levantarse, con la ayuda de todo un país y con la fuerza de su gente.  

La sensibilidad que reconstruye

En el camino de la resiliencia de la provincia, la pregunta inevitable fue: el papel de las mujeres. La Secretaria no dudó “Decisivo”, dijo con firmeza. Y en sus palabras se desplegó un mapa humano donde la fuerza femenina es visible en cada rincón de Pinar del Río.  

En la salud y la educación, la presencia de la mujer es mayoritaria, superior al 70%. En la ciencia y el turismo, más del 50%. Pero lo que más la enorgullece es ver cómo, en la agricultura —actividad fundamental de la provincia—, las mujeres han comenzado a ocupar cargos de dirección, a ser propietarias de tierra, a liderar fincas y responsabilidades en el campo, junto a los jóvenes que también se incorporan con fuerza.  

Reconoce que para ellas es más difícil: no es solo la responsabilidad laboral, es también la familiar. “Somos madres, amas de casa, esposas, tenemos una responsabilidad familiar y laboral”, explica. Y, aun así, las mujeres pinareñas están al frente de direcciones principales, organismos de la economía, empresas, organizaciones políticas y espacios de gobierno que antes eran casi exclusivos de hombres.  

Hoy, varias intendentes y presidentas de asambleas municipales son mujeres, asegura. También lo son las titulares de mipymes y negocios prósperos, que aportan a la economía y, con sensibilidad, apoyan las tareas sociales.  

Por eso Yamilé insiste: “Siempre habrá que poner en un lugar cimero el papel y la participación de la mujer, el aporte de la mujer, además, la calidad del trabajo que desarrollan”. En sus palabras, la resiliencia de Pinar del Río tiene el rostro claro de las mujeres que sostienen la vida, reconstruyen lo perdido y conducen el futuro.

La conversación nos llevó a una pregunta inevitable: ¿podría decirse que el 26 de julio también tuvo rostro de mujer en Pinar del Río?

“Sí, cómo no, tuvo rostro de mujer y ahí está”respondió, y comenzó a enumerar ejemplos que, más que cifras, son historias de vida.

Ese ejemplo, dijo, podría repetirse en otros sectores. Porque en Pinar del Río, incluso en la celebración del 26 de julio, la huella de las mujeres es visible y decisiva. “Claro que el 26 de julio tiene, porque estamos todavía en 26, tiene rostro de mujer”, afirmó con orgullo.

Cuidar la vida en tiempos de bloqueo

Pensando en la situación dura que atraviesa el pueblo cubano —con el bloqueo que asfixia la economía y la vida cotidiana—, cómo, a pesar de todo, Pinar del Río logra mantener una mortalidad infantil en 4.8%.

“Se logra, primero, por el sentido de pertenencia, por la entrega de los trabajadores de la salud, por la experiencia acumulada en los equipos que atienden esta actividad. Pero también se logra por la integración de todos los factores”.

Explicó que el programa materno infantil se sigue de cerca en cada territorio, desde la atención a la embarazada hasta los indicadores más complejos. En cualquier consejo popular puede encontrarse una estructura productiva o un organismo responsable de acompañar a una gestante. Esa red de apoyo, tejida con unidad, es la que sostiene los resultados.

Reconoció también los retos: el incremento de embarazos adolescentes, el deterioro de las instituciones de salud por falta de recursos y cuidados. Pero frente a esas limitaciones, la provincia ha convocado a empresas estatales y no estatales, a productores y actores diversos, que se han convertido en “padrinos” de salas hospitalarias.

Los ejemplos abundan: empresas que han destinado millones de pesos de sus utilidades para recuperar servicios, mipymes que han entregado salas completas en el hospital Abel Santamaría, jóvenes que han encabezado procesos de reparación con apenas 23 años. “Hay mucha voluntad de nuestra gente”, subrayó, orgullosa de ese movimiento solidario que se multiplica.

Así, en medio de la crisis, la provincia demuestra que la salud infantil no es solo un indicador: es el resultado de un tejido social donde trabajadores, familias, instituciones y empresas se unen para cuidar la vida. 

El 23 de agosto y el desafío de la Federación de Mujeres Cubanas

Yamilé Ramos Cordero, secretaria general del Partido Comunista de Cuba en la occidental provincia de Pinar del Rio, es justa al evaluar el trabajo de las organizaciones de la provincia. La pregunta sobre el 23 de agosto abrió un espacio de sinceridad. ¿Qué se ha logrado desde la FMC?

“No sería honesta si no digo que tenemos insatisfacciones con el funcionamiento de la Federación de Mujeres Cubanas”. Reconoció que algunas estructuras se han debilitado, que el movimiento comunitario ha perdido fuerza en ciertos lugares, y que existe desmotivación en parte de las mujeres para pertenecer y participar. También señaló dificultades en la preparación de cuadros y dirigentes de base, y en la efectividad del trabajo organizativo.

Pero junto a esa crítica, destacó el esfuerzo que se hace desde la dirección provincial y municipal para impulsar tareas y programas. Puntualizó que la FMC no puede verse solo en el escenario comunitario: “La Federación de Mujeres Cubanas está en todas partes”. La presencia femenina en sectores clave de la sociedad —salud, educación, economía, política— es fruto del trabajo de la organización y del legado de Vilma.

Por eso, reconoce, la sede del 23 de agosto en Pinar del Río es un orgullo y un reconocimiento a todas las mujeres pinareñas. Pero también es un compromiso: no se trata de cerrar una etapa, sino de seguir fortaleciendo la organización femenina, de transformar las dificultades en oportunidades y de recorrer el largo camino que aún queda por delante.

En sus palabras, el 23 de agosto no es solo una celebración: es un llamado a revitalizar la organización, a multiplicar la participación y a mantener vivo el espíritu de Vilma en cada comunidad.

Para Pinar del Río: unidad, prosperidad y dignidad

La pregunta sobre el futuro abrió un espacio distinto: no de cifras ni de balances, sino de sueños. ¿Qué inspira a Yamilé cuando piensa en Pinar del Río?

“Primero, que haya unidad, que haya buena comunicación, que haya solidaridad”. Defiende el vínculo cercano entre dirigentes y pueblo, la conversación constante, la necesidad de explicar y rendir cuentas incluso cuando no hay soluciones inmediatas. “No puede haber distancia entre los que dirigimos y la población. Somos iguales, venimos del mismo lugar, vamos hacia el mismo lugar”, insistió.

Ese es su mayor deseo: que la unidad y la comunicación se conviertan en práctica cotidiana, que quienes tienen responsabilidades políticas y administrativas asuman con naturalidad que deben rendir cuentas al pueblo.

Sus sueños no se detienen ahí. Quiere prosperidad para la provincia. Reconoce las potencialidades en la agricultura, la industria alimentaria, la minería y el turismo, y sueña con unir fuerzas —estatales, no estatales, inversionistas— para desarrollar todo ese potencial y transformarlo en bienes y servicios accesibles para la población.

Con preocupación, habló de los precios altos, de los bienes inalcanzables, y de la necesidad de que la vida sea menos traumática. Puso el acento en quienes más lo necesitan: los adultos mayores. “Son los que lo han dado todo por esta Revolución, por este país, y hoy están muy limitados”, dijo. Llamó a los organismos y organizaciones a atender mejor a jubilados y ancianos, a darles la atención diferenciada que aún no se ha logrado.

En sus palabras, los sueños personales y colectivos se entrelazan: unidad, comunicación, prosperidad, atención a los más vulnerables. Sueños que no son utopía, sino brújula para seguir guapeando cada día en la resistencia y la esperanza.

Al final de la conversación dejó un mensaje especial para las mujeres de Pinar del Río. Sus palabras fueron sencillas, pero cargadas de emoción: “Mucha felicidad a todas las mujeres pinareñas, el reconocimiento y la admiración siempre por sus batallas cotidianas, por el esfuerzo que se hace, por su contribución y por esa manera que tenemos todas de levantarnos todos los días y de salir a desafiar el mundo, que es difícil. Muchas felicidades a todas, admiración y reconocimiento, siempre”.

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