Por Marilys Suárez Moreno
Este primer lunes de septiembre, con el inicio del nuevo curso escolar, estudiantes de todos los niveles accederán a las aulas. Siempre, todo un acontecimiento.
Contra lo que muchos puedan pensar, luego del descanso vacacional, empieza una nueva etapa laboral y estudiantil para la mayoría de los cubanos.
Para los que accedan a las aulas, el hecho tiene varias aristas. Para algunos será la primera vez en la escuela, otros lo ven como un reencuentro con sus amigos del aula y un grado más que adelantan en sus vidas. Etapa de conocimientos y saberes.
Este curso pasa por la misma cotidianeidad que viven sus padres hoy: carencias, apagones, calor, escases de uniformes y libros, pero ciertamente no es óbice para la contentura infantil y las de las propias familias.
Así, unos pocos llevarán de las manos, junto a la mochila comprada por papá y mamá con grandes sacrificios, el ventilador recargable de igual modo comprado o enviado por algún pariente de afuera a la familia.
Para la entidad rectora, el Ministerio de Educación, el reto no solo es trabajar para que se consolide y mejore lo aplicado en cada enseñanza, sino seguir abriendo paso a la calidad educativa, tanto desde el ámbito metodológico con los docentes, como en el tratamiento que se le dará en las aulas, a los educandos, adecuados al contexto actual.
A partir de tales lazos, las diferentes enseñanzas reforzarán el conocimiento de las raíces y tradiciones históricas, patrióticas y culturales.
Se trata de formar en nuestros estudiantes profundas convicciones éticas y morales, como corresponde con un estudiantado capaz de garantizar en un futuro la preparación docente de su cantera más joven.
La cobertura docente, sin ser la óptima, apuesta por el ingreso a las aulas de educadores recién graduados y de maestros jubilados que se han reincorporado.
En consecuencia, entre otros tópicos priorizados por el MINED, está la necesidad de enaltecer la labor del profesor y su preparación académica. Lo complejo es trascender de lo enunciado a la práctica, y para logarlo, el profesorado resulta eslabón decisivo.
Para los docentes del país, el empeño de forjar a los ciudadanos del futuro pasa por un proceso de enseñanza-aprendizaje en el que cuenta la familia, principal garante de esta persistencia, aunque es este un proceso en el que se vincula toda la sociedad y que pone a Cuba en el epicentro de la Educación.
Bien se sabe que las transformaciones en la educación pasan por el magisterio y las aulas donde se forma el estudiantado, pero el papel educativo de la familia y de la misma sociedad no puede soslayarse a la hora de hacer crecer el mundo de conocimientos que los educandos necesitan, no solamente para aprobar un examen o vencer un nivel más, sino para saber sin facilismos ni escamoteos fraudulentos, atrincherados en sus virtudes y triunfos.
Como cada año, cada comienzo de clases es un día de alegría contagiosa y felicidad colectiva. Razones y retos sobran para ello: la recompensa, a la vuelta de unos años, no se hará esperar.

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