En las circunstancias actuales que vivimos las familias cubanas en la isla, donde cada día nos exige reinventarnos para resistir y avanzar, abrir las puertas de las aulas es un acto de profundo privilegio.
La Federación de Mujeres Cubanas, que late en cada hogar y cada comunidad, quiere llegar esta mañana al corazón de cada madre, padre y cada tutor, para compartir un abrazo y una certeza: la educación de nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
En medio de las complejidades energéticas, de las distancias que a veces se hacen más largas y de las carencias materiales que intentan doblegar el espíritu, las cubanas demuestran una vez más que su mayor fortaleza es su vocación humanista. Garantizar la continuidad de estudio de cada educando no es solo un deber constitucional, es un gesto de amor cotidiano.
Preparar el uniforme, forrar una libreta con papel reciclado, compartir la luz de una vela para repasar una lección o madrugar para buscar el transporte que asegure la asistencia a la escuela, son actos de heroísmo silencioso que engrandecen la Patria. En cada desvelo revisando la mochila, en cada consejo generacional se repite lo primero es la escuela, el conocimiento, ahí está sembrada la semilla del futuro.
Reconocemos con profundo respeto a los educadores y educadoras, ese ejército de luz que, pese a las dificultades, nunca ha dejado un aula vacía de esperanza. Ustedes, que con tiza y con el alma remiendan sueños, son el abrazo que la Revolución pone en las escuelas. Educadores y educadoras, auxiliares pedagógicas, personal de apoyo, representantes de la Organización ante los consejos de escuelas y de círculos infantiles: ustedes con sensibilidad y ternura, a menudo se convierten en un hogar donde los escolares encuentran aliento y seguridad.
La Federación de Mujeres Cubanas sabe que esta batalla por la educación no se libra en solitario. Por eso, nuestras madres, están hoy, como cada día, tendiendo puentes entre la institución educativa y la comunidad. Ellas son los ojos y las manos que velan porque nadie quede sin educación, porque cada círculo infantil sea un espacio de protección y aprendizaje, y porque cada problema que amenace la estabilidad de un estudiante encuentre una respuesta colectiva.
El contexto actual no es fácil. Pesan el bloqueo recrudecido y una economía asfixiada. Pero pesa más el amor de este pueblo por sus hijos e hijas. Cada día de clases que se logra es una gran victoria. La Revolución, que desde el Moncada soñó con una Cuba de aulas abiertas y justicia social, hoy deposita en la familia la confianza de seguir adelante.
Por eso, desde la Federación de Mujeres Cubanas, les decimos: no están solas. No están solos. Sigamos tejiendo red de apoyo de corresponsabilidad donde el hogar, la escuela y la Organización se dan la mano. Que este curso escolar sea un canto de victoria colectiva. ¡Vamos, familias cubanas, que educar es vencer!
Secretariado Nacional
Federación de Mujeres Cubanas

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